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lunes, 27 de julio de 2020

Los primeros prisioneros llegan a Auschwitz

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Fue el campo de concentración, exterminio y de trabajos forzados más grande de la Alemania nazi. En él perdieron la vida entre dos y cuatro millones de personas

El 14 de junio de 1940 llegaron los primeros prisioneros políticos polacos a Auschwitz, el campo de concentración, exterminio y de trabajos forzados más grande del régimen de la Alemania nazi. En él perdieron la vida entre dos y cuatro millones de personas, entre fusilamientos, cámaras de gas, enfermedad y hambre

Auschwitz-Birkenau está situado a 40 kilómetros de la ciudad polaca de Cracovia y en un principio estaba formado por el campo Auschwitz I, centro administrativo en el que estaban los barracones y celdas de los prisioneros, zonas de trabajos forzados, clínicas para experimentos médicos, paredones de fusilamiento y una cámara de gas con horno crematorio. Como la cantidad de prisioneros que llegaba era cada vez mayor, el campo se amplió con Auschwitz II (Birkenau), al que los trenes de prisioneros llegaban directamente y que incluía hornos crematorios de mayor tamaño y potencia. Este segundo campo incluía los barracones femeninos  y fue seguido de Auschwitz III, una zona dedicada a trabajos forzados para la empresa IG Farben. 

Auschwitz se convirtió rápidamente en el modelo perfecto donde los nazis podían aplicar su Solución Final. Las dimensiones del lugar y el complejo industrial equipado con cámaras de gas que utilizaban Zycklon B y los grandes hornos hicieron de Auschwitz el campo más mortal de todos los que construyó el Tercer Reich. Los prisioneros eran despojados de sus posesiones y su identidad, se les obligaba a trabajar mientras les mantenían en unas condiciones infrahumanas y se les sometía a experimentos organizados por Carl Clauberg, Horst Schumann y Josef Mengele. 

El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas entraron en el campo de exterminio y liberaron a los prisioneros que allí se encontraban. Dos días antes, muchos oficiales habían huido frente al avance del ejército rojo y al resto de soldados se les ordenó destruir tantos documentos como pudieran y, después, evacuar el campo en lo que se conoce como ‘marcha de la muerte’.  

Actualmente Auschwitz es patrimonio de la humanidad

Valentina Tereshkova se convierte en la primera mujer en el espacio

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El 16 de junio de 1963 la cosmonauta Valentina Tereshkova se convirtió en la primera mujer en viajar al espacio. Fue lanzada en la nave espacial Vostok 6, que completó 48 órbitas en 71 horas. Tenía 26 años cuando realizó su hazaña.  

Aunque no tenía entrenamiento de piloto, Tereshkova era una paracaidista aficionada consumada y sobre esta base fue aceptada para el programa de cosmonautas cuando se ofreció como voluntaria en 1961. Para su elección también contribuyó el hecho de que su padre había sido un héroe de guerra, el líder y sargento de tanques Vladímir Tereshkov: murió en combate en la Guerra de Invierno que se desarrolló en Finlandia durante la Segunda Guerra Mundial, en el área de Lemetti en Carelia, cuando Valentina tenía dos años de edad.  

La misión Vostok 6 fue lanzada dos días después de la Vostok 5, que condujo a Valeri Bykovski a una órbita similar durante cinco días, y quien aterrizó tres horas después que Tereshkova.  

Desde 1966 hasta 1991 fue miembro activo en el Soviet Supremo de la URSS. Dirigió el Comité de Mujeres Soviéticas en 1968, y de 1974 a 1991 fue parte del Presidium Supremo Soviético.  

En 2008, Tereshkova se convirtió en vicepresidente del parlamento de la provincia de Yaroslavl como miembro del partido Rusia Unida. Tres años después fue elegida para la Duma. Tereshkova fue nombrada Héroe de la Unión Soviética y recibió dos veces la Orden de Lenin.  

Hoy, en Rusia, es considerada una heroína nacional.

Estalla el escándalo Watergate

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El 17 de junio de 1972, el Watergate, un complejo de oficinas, apartamentos y hoteles en Washington y sede del Comité Nacional Demócrata, fue asaltado por cinco hombres. Comenzaba así el escándalo de Watergate, que llevó al colapso la administración del presidente estadounidense Richard Nixon.  

Cuatro de los arrestados anteriormente habían estado activos en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra Fidel Castro en Cuba. El quinto, James W. McCord, Jr., era el director de seguridad del comité que trabajaba para la reelección del presidente del Partido Republicano, Richard Nixon, en las próximas elecciones de noviembre. Este hecho acrecentó los rumores en la prensa sobre la participación de la administración Nixon en el asalto. La Casa Blanca, por su parte, negó cualquier tipo de implicación. El 23 de junio de 1972, el presidente Nixon ordenó al FBI que cesara la investigación. Más tarde, esta orden, revelada en lo que se conoció como las cintas de Nixon (grabaciones secretas de Nixon de sus llamadas telefónicas y conversaciones en la Oficina Oval) demostraron que el presidente había sido parte de un encubrimiento criminal desde el principio.  
 
En septiembre de ese año tuvieron lugar los juicios contra los acusados. El Senado constituyó una comisión de investigación y siete consejeros y altos funcionarios fueron acusados formalmente de espionaje. Pero la prensa y el FBI no cesaron las investigaciones, y poco después se descubrió que el asalto al edificio Watergate era solo una de las muchas actividades ilegales que se habían cometido para asegurar la reelección de Nixon. Ante la insostenible situación, finalmente Nixon presentó oficialmente su dimisión el 8 de agosto mediante un histórico mensaje televisado a toda la nación americana.


El caso Watergate fue uno de los escándalos políticos más mediáticos de la historia reciente.

Hitler visita París tras la derrota francesa en la Segunda Guerra Mundial

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El líder de la Alemania nazi celebró su victoria sobre Francia paseando por París, ciudad que siempre había admirado y que solo visitaría una vez. 

El 23 de junio de 1940, solamente un día después de que Francia firmara un armisticio con Alemania y el país pasara a estar controlado de facto por los nazis, Adolf Hitler acudió a la ciudad de París para una histórica visita turística.  

Tras la experiencia de la Gran Guerra, Francia quiso estar preparada para responder a un posible ataque del este sin que el conflicto causara daños graves en el país y es por ello que creó la Línea Maginot, una línea defensiva fuertemente fortificada con la que, en teoría, debería haber parado cualquier acción alemana antes de que penetrara en territorio francés. El problema estaba en que esta táctica habría funcionado si se hubieran seguido los prefectos de la Primera Guerra Mundial, cosa que no pasó. Alemania sorprendió al resto de Europa con una nueva estrategia basada en los bombardeos intensivos y una acción rápida por tierra con gran protagonismo de los blindados, el ataque relámpago o Blitzkrieg. En apenas seis semanas, los ejércitos de Hitler conquistaron Bélgica, Luxemburgo, y Países Bajos. Francia cayó a finales de junio y se creó un gobierno de ocupación encabezado por el mariscal Philippe Pétain. 

Adolf Hitler llegó a primera hora de la mañana a París en su tren personal y fue recibido por un gran comité de militares de alto rango y soldados que le acompañaron como escolta. Iba acompañado por los arquitectos Speer y Giessler y el escultor Arno Becker y el führer pasó algo más de tres horas recorriendo las principales atracciones turísticas de la ciudad de la luz. La primera parada fue la Casa de la Ópera, impresionante edificio noebarroco que Hitler admiraba y conocía bien a pesar de ser la primera vez que estaba allí. Desde allí, moviéndose siempre en lujosos coches Mercedes blindados, fueron a los Campos Elíseos, la Madeleine, el Trocadero, la Torre Eiffel (donde se tomó la famosa fotografía que siempre ilustra su visita), la Saint Chapelle, el Arco del Triunfo y los Inválidos. Se dice que, después de pasar unos minutos contemplando la tumba de NapoleónHitler dijo que aquel era “el día más feliz de su vida”. El recorrido terminó en el Sacre Coeur, monumento que no gustó nada al alemán. 

Cuando ya se marchaba, Hitler reconoció que París era una joya europea de increíble belleza pero que pronto ocuparía un segundo lugar, ya que había encargado a sus arquitectos que construyeran una Nueva Berlín que superara a la capital francesa. El líder del Tercer Reich no volvió a pisar París y, a pesar de lo mucho que decía haberle impresionado y que visitarla había sido un sueño para él, en agosto de 1944 ordenó al gobernador militar Dietrich von Choltitz que hiciera explotar los principales monumentos de la ciudad para que “solo cayera en manos de los Aliados siendo un montón de escombros”. Por suerte, no le hicieron caso. 

domingo, 26 de julio de 2020

Napoleón cruza el río Niemen e invade Rusia

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El deterioro de las relaciones entre el zar Alejandro I y Napoleón llevó al emperador francés a invadir Rusia en una campaña que resultaría nefasta para él. 

El 24 de junio de 1812 el emperador francés Napoleón Bonaparte cruzó el río Niemen (en la actual Lituania), que servía como frontera entre el Imperio Francés y el Imperio Ruso, con el objetivo de hacerse con el territorio del zar Alejandro I. Comenzaba así una campaña que tendría consecuencias desastrosas para el corso. 

En los años previos a la invasión, Napoleón había alcanzado la cúspide de su poder y dominaba casi la totalidad de Europa. Francia y Rusia mantenían una relación cordial pero las exigencias de Bonaparte empezaban a cansar a la aristocracia rusa, que presionó al zar para que cortara todo trato con Napoleón y le plantara cara. Ante la negativa de Alejandro I a volver a la situación previa y satisfacer las exigencias del francés, Napoleón reunió a la Grande Armée y partió hacia Rusia a la cabeza de casi 700 000 soldados, el mayor ejército que se había congregado en la historia moderna.  

A principios de septiembre, las poderosas fuerzas de Napoleón lograron una importante victoria en Borodino que les abrió el camino hacia Moscú, ciudad cuya conquista esperaban que forzara a Rusia a firmar una nueva paz con Francia. Napoleón envió un nuevo acuerdo a Alejandro I en San Petersburgo pero nunca recibió respuesta y decidió tomar la capital rusa (la capital real era San Petersburgo), pero no contaba con los planes orquestados por sus rivales. Al llegar a la ciudad moscovita, Napoleón se encontró que Kutúzov, general al mando del ejército ruso, había ordenado desalojar la ciudad días antes de que  llegaran los franceses, desabastecerla y prenderle fuego para que no pudieran aprovechar nada. Napoleón quedó atrapado en una ciudad fantasma, sin recursos, alejado de sus campamentos base y con el invierno acechando

Tras cinco semanas, las condiciones climatológicas empeoraron y la Grande Armée empezó a sufrir bajas a un ritmo preocupante. Napoleón, sin opciones, tomó la decisión de retirarse y dar por perdida la campaña de Rusia. Kutúzov aprovechó la situación y hostigó al fallido conquistador, destacándose la batalla de Krasnoi donde los franceses, desorganizados y habiendo tenido que abandonar parte de su equipo y artillería, sufrieron una nueva derrota. Napoleón volvió a Francia con un 20% de las tropas con las que había partido

Curiosamente, Napoleón achacó todos sus problemas y posteriores derrotas no a la campaña de Rusia y el desastre que supuso, sino a la guerra que había emprendido en España al intentar llevarse a la familia real y colocar a su hermano José Bonaparte en el trono. Napoleón escribió que la toma de España no le costaría más de 12.000 hombres pero, para cuando terminó el conflicto, había perdido a más de 100.000 y Europa entera había comprendido que el corso no era invencible. 

Custer y el Séptimo de Caballería son derrotados en Little Bighorn

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La batalla de Little Bighorn terminó siendo una masacre para los estadounidenses, que atacaron aun cuando estaban en clara inferioridad.  

El 25 de junio de 1876 el teniente coronel George Amstrong Custer y sus tropas, el 7º Regimiento de Caballería, lanzaron un ataque contra las fuerzas de nativos americanos lideradas por Caballo Loco en una explanada cerca del río Little Bighorn. La batalla terminó con una estrepitosa derrota para los estadounidenses y la aniquilación del mítico Séptimo de Caballería

El origen de este enfrentamiento lo encontramos en los momentos posteriores a la Guerra de Secesión estadounidense. Como parte de un plan nacional para reconstruir el país y reconciliar a ambas partes (unionistas y confederados) el gobierno estadounidense promovió la conquista y colonización de los nuevos territorios que habían adquirido en el oeste, por ejemplo California. El problema con el que se encontró Andrew Johnsonpresidente por aquel entonces, fue que para lograr su plan había que mejorar las comunicaciones entre la costa este y la costa oeste y esto pasaba por una mayor red de ferrocarriles. Años antes, tras las guerras indias, el gobierno estadounidense había concedido a las tribus nativoamericanas un amplio territorio en el centro del país en el que, según los tratados firmados, podrían vivir en paz y según sus costumbres sin que se les molestara. Pero las circunstancias habían cambiado y Washington quería construir sus vías ahí, así que primero animó a colonos a que ocuparan ese territorio y, cuando la cosa acabó en sangre, mandó al ejército. 

Llegamos así al año en cuestión, 1876. El líder nativo Caballo Loco había conseguido difundir la idea de una causa común y reunir a un gran ejército conformado por guerreros de las tribus lakota, cheyennes, arapajó y sioux. El gobierno estadounidense envió a sus fuerzas para combatirlos y los primeros en llegar fueron los del 7º Regimiento de Caballería comandado por George Amstrong Custer, un oficial inepto conocido por el sadismo y la crueldad con la que trataba a los nativos (intentaba que nunca hubiera supervivientes en sus asaltos a aldeas y asentamientos) y con más ganas de alcanzar la gloria personal que de cuidar a sus soldados.  

Custer se le habían dado órdenes de localizar el campamento de Caballo Loco y esperar refuerzos del general de brigada Alfred Terry para realizar una ofensiva potente que acabara con el enemigo. Sin embargo, el teniente coronel creyó que en aquel lugar no podría haber más de 900 indios que serían fácilmente derrotados ante un ataque sorpresa por lo que, temiendo que fueran a levantar el campamento, decidió avanzar. El primer error de Custer fue no aceptar los refuerzos ni la ametralladora gatling que se le ofrecían y el segundo fue, al atacar, dividir a sus tropas en tres grupos.  

El mayor Reno golpeó por el sureste pero fue repelido por los nativos y durante el contraataque tuvo que retirarse, reagrupándose con las fuerzas del capitán Benteen al norte. Caballo Loco llevó a sus tropas hasta esta posición y hostigó a los estadounidenses hasta que Custer decidió lanzar un ataque frontal contra el campamento desde el noroeste. Caballo Loco mantuvo a parte de sus fuerzas conteniendo a Benteen y Reno y dirigió a las demás contra Custer, recibiendo ayuda de Toro Sentado. Resulta que donde Custer había contado a menos de 900 personas había entre 1200 y más de 2000, unas fuerzas que superaban a las suyas en una proporción de diez a uno tras dividir las columnas. Las bajas de Caballo Loco supusieron apenas un 10% del total de sus tropas mientras que los estadounidenses perdieron a la mitad de sus soldados. Todos los oficiales que participaron en la batalla acabaron muertos y los nativos se ensañaron con los supervivientes, persiguiendo y liquidando a todo aquel cayera en sus manos. La columna de Cabellos Largos, como los nativos llamaban a Custer, fue aniquilada (268 almas) y se dice que solo sobrevivió un caballo llamado Comanche. 

Curiosamente, en ese afán que tiene el país de las oportunidades por justificar todo lo que hacen, los estadounidenses convirtieron esta trágica masacre provocada por el ego y la estupidez de un hombre en una hazaña heroica de su glorioso ejército y a Custer en una especie de mártir que luchó hasta el último aliento. Películas como Murieron con las botas puestas (1941), protagonizada por Errol Flynn demuestran la visión edulcorada y completamente alejada de la realidad que los Estados Unidos quiso convertir en canon. 

El conquistador Francisco Pizarro es asesinado en su palacio de Lima

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El explorador y conquistador trujillano Francisco Pizarro fue asesinado por Diego Almagro el Mozo dentro de su propio palacio en Lima, Perú. 

El 26 de junio de 1542, el conquistador Francisco Pizarro fue atacado por un grupo de españoles dirigidos por Diego de Almagro, hijo de un rival del extremeño, que irrumpieron en su palacio de la ciudad de Lima y le dieron muerte a puñaladas

Pizarro nació siendo un don nadie. Hijo bastardo de Gonzalo Pizarro, que había combatido a las órdenes del Gran Capitán, y de la criada de monasterio Francisca González, pasó su infancia en una situación de semipobreza en la que apenas pudo estudiar (tarea en la que tampoco destacaba) y tuvo que dedicarse a criar cerdos para ganarse la vida. En 1493 viaja a Sevilla y comienza su carrera militar, combatiendo en Italia y aprendiendo allí los secretos de la vida del soldado. En 1502 (otras fuentes hablan de 1504) se unió  a una expedición al Nuevo Mundo, donde consiguió amasar una importante fortuna en poco tiempo gracias a su participación en una compañía minera y una hacienda. Pero la vida del rico terrateniente no era para Pizarro y pronto decidiría unirse a las expediciones de Alonso de Ojeda o a la de Vasco Núñez de Balboa, en la que estuvo presente cuando se descubrió el océano Pacífico

Cada vez eran más los rumores que llegaban a oídos de Pizarro sobre una tierra rica en oro y plata esperando a que algún aguerrido soldado la explorara. En 1524 se une a Diego de Almagro y parten hacia el Virú (actual Perú), donde entrarían en contacto con el Imperio Inca y se les encomendaría la tarea de explorar las tierras y someter a los nativos. La llegada de los conquistadores coincidió con un conflicto interno entre los seguidores de Atahualpa y los de su hermanastro Huáscar, situación que Pizarro aprovechó (junto a su superioridad armamentística, el descontento de los pueblos sometidos a los incas y la propagación de la viruela entre los nativos) para someter a este imperio y reclamar sus riquezas para la corona española. Atahualpa fue ejecutado por garrote vil en 1533. 

El poder y la fama de Pizarro alcanzaron tales cuotas que la relación con su socio Diego Almagro empezó a resentirse. Esta situación empeoró cuando, en 1534, Pizarro amplió los límites territoriales de Nueva Castilla para incluir la ciudad de Cuzco, que originalmente estaba controlada pro Almagro. La respuesta de este fue apresar a los hermanos de Pizarro hasta que pudiera hablar con él en persona. En 1538, tras volver de Chile, Almagro volvió a reclamar Cuzco como suya y sus tropas se enfrentaron a las de Pizarro en la batalla de Salinas donde Almagro fue derrotado, capturado y ejecutado. 

Desde la muerte de su padre en Salinas, Diego Almagro el Mozo encabezó una conspiración para acabar con Pizarro. Su venganza se vio cumplida en junio de 1542 cuando él y una veintena de sus hombres irrumpieron en el palacio de Pizarro en la ciudad de Lima (fundada en 1535). Allí, tras un combate en el que parece que el conquistador defendió su vida hasta el final, lograron matar al extremeño a puñaladas. La historia de una de las figuras más importantes de la conquista española de las Américas murió bajo el acero español. Antes de que acabara el año, Diego Almagro el Mozo fue depuesto del cargo de gobernador de Perú que había usurpado y ejecutado.