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jueves, 21 de mayo de 2020

RONALD REAGAN

(Kilton, Illinois, 1911 - Los Ángeles, 2004) Cuadragésimo presidente de los Estados Unidos de América (1981-1989). Tras una breve experiencia en la radio, fue actor profesional de cine, interviniendo en múltiples películas de Hollywood entre 1937 y 1964. Nunca llegó a ser una gran estrella, pero adquirió cierta notoriedad como presidente del sindicato de actores en la época de la caza de brujas de Joseph McCarthy (1947-54). Su trabajo posterior como presentador de televisión le proporcionó la popularidad que le faltaba para dar el salto a la política, integrándose en el Partido Republicano y alineándose con su corriente más conservadora (1962).

Ronald Reagan
Dotado de un gran carisma para el electorado americano, Reagan fue elegido gobernador del Estado de California en 1966 (y reelegido en 1970). Con su prestigio intacto después de dos mandatos, decidió no presentarse a otra reelección para luchar por la nominación a la presidencia tras la caída de Nixon (1974). Habría de esperar para conseguirlo, pues en 1976 el partido prefirió presentar al presidente saliente (y ex vicepresidente de Nixon) Gerald Ford; Ford perdió las elecciones presidenciales frente a los demócratas, quedando abierto el camino para Reagan en la siguiente convocatoria.
Ronald Reagan ganó holgadamente las elecciones presidenciales de 1980, apelando al orgullo nacional americano después de la supuesta debilidad que se le achacaba a la administración de Jimmy Carter; se trataba de recuperar la confianza de los americanos en sus valores tradicionales, seriamente dañada por la Guerra de Vietnam (1969-74) y por el caso Watergate (1973). La capacidad de Reagan para la comunicación (relacionada con su experiencia de actor) le permitió encarnar las aspiraciones de liderazgo fuerte que albergaba el americano medio, proporcionándole una reelección sin complicaciones en 1984, a pesar de su avanzada edad.
Durante su presidencia (1981-1989) impulsó un programa de revolución conservadora que entroncaba bien con los vientos reaccionarios que alentaban el gobierno de Margaret Thatcher en el Reino Unido y el pontificado de Juan Pablo II en la Iglesia católica. Consistía en una política económica neoliberal a ultranza, acompañada de un rearme militar y una política exterior más agresiva, que permitieran relanzar la cruzada contra el comunismo en el mundo.
Financió y armó a los grupos contrarrevolucionarios de Centroamérica hasta forzar la caída del régimen sandinista en Nicaragua. Ordenó intervenciones militares en defensa de los intereses americanos en Granada (1983) y Libia (1986). Reforzó los vínculos con los aliados de la OTAN, de los cuales obtuvo apoyo para desplegar nuevos misiles de alcance medio en Europa (los euromisiles). E impulsó un salto cualitativo en la carrera de armamentos con su Iniciativa de Defensa Estratégica (o Guerra de las Galaxias), orientada a desarrollar nuevas armas que garantizaran la superioridad tecnológica occidental en un eventual conflicto nuclear con la Unión Soviética.
Aquel programa de rearme fue el detonante del colapso de la URSS, pues su estancamiento económico le impedía seguir el ritmo impuesto por Reagan en la carrera de armamentos: obligó a la URSS a firmar acuerdos de desarme nuclear y a abandonar Afganistán (1988), lo que equivalía a renunciar a seguir desempeñando un papel de gran potencia. En consecuencia, comenzó el proceso de desintegración del régimen soviético bajo Gorbachov, que arrastró el hundimiento del comunismo a escala mundial, con lo que los más ambiciosos sueños anticomunistas de Reagan se vieron colmados.
Al lado de ese éxito, la opinión pública americana consideró menores otros fracasos, como los cosechados al intentar doblegar al régimen integrista islámico de Irán (al cual el gobierno norteamericano llegó incluso a vender armas en secreto para financiar ilegalmente a la guerrilla contrarrevolucionaria de Nicaragua, evitando el control del Congreso, donde tenía mayoría la oposición demócrata).
En política económica el balance fue menos brillante, pues si bien hubo un cierto crecimiento en los primeros años (impulsado por una política ultraliberal con altos costes sociales), el déficit presupuestario no dejó de crecer y obligó a mantener tipos de interés altos que acabaron pesando sobre la economía real. A pesar de las dificultades económicas del final de su segundo mandato, Reagan mantenía popularidad suficiente como para optar a un tercero si esa posibilidad no estuviera prohibida por la ley; el prestigio de su administración facilitó la elección de su vicepresidente, George H. Bush, en las presidenciales de 1988. Reagan se retiró de la política en 1989, manifestándose poco después sus graves problemas de salud (enfermedad de Alzheimer), que probablemente se habían iniciado ya durante el mandato presidencial.

miércoles, 20 de mayo de 2020

HENRY KISSINGER

Político y diplomático estadounidense (Fuerth, Alemania, 1923). Su origen judío le obligó a abandonar Alemania con su familia para escapar de la persecución nazi (en 1938). En 1942 obtuvo la nacionalidad americana, pero el hecho de no haber nacido en Estados Unidos pesaría siempre sobre su futuro, cerrándole la posibilidad de ser candidato a la presidencia. Estudió Ciencias Políticas y se dedicó a la enseñanza en la Universidad de Harvard, antes de pasar a la política activa de la mano del Partido Republicano.

Henry Kissinger
El presidente Nixon aprovechó su conocimiento de la política internacional, nombrándole asesor para asuntos de seguridad nacional en 1968; la brillantez con la que ejerció su labor hizo que en 1973 le nombrara secretario de Estado (ministro de Asuntos Exteriores). Cuando Nixon hubo de dimitir, forzado por el escándalo Watergate, y le sucedió el vicepresidente Ford (1974-77), éste mantuvo a Kissinger al frente de la política exterior.
Durante los cuatro años en que dirigió la diplomacia norteamericana, Kissinger diseñó una nueva política exterior y quizá incluso un nuevo marco internacional. Impulsó la distensión mediante la renuncia de los Estados Unidos al principio de intervención militar global, así como el reconocimiento de la Unión Soviética como interlocutora y partícipe de la hegemonía mundial (Conferencia de Helsinki, 1975). Fue uno de los principales artífices del acercamiento de los Estados Unidos a la República Popular China (viajó a Pekín en 1971, donde preparó el reconocimiento diplomático del régimen de Mao y la visita de Nixon en 1972).
Sus esfuerzos por la paz se orientaron hacia dos escenarios principales, que constituían dos «puntos calientes» de fricción entre las superpotencias: Vietnam, en donde negoció el fin de la guerra y la retirada del Ejército americano (1973); y Oriente Medio, en donde medió para restablecer la paz entre Israel y sus vecinos árabes, poniendo fin a la Guerra de Yom Kippur (1973). También cabe destacar su intervención en el conflicto de Rhodesia, que contribuyó a poner fin a la guerra civil con unas elecciones libres que otorgaron el poder a la mayoría negra (1976).
En 1973 le fue concedido el Premio Nobel de la Paz. Desde su retirada se ha dedicado a los negocios y a la redacción de sus memorias; su inmenso prestigio le ha mantenido, sin embargo, como un consejero habitual de los posteriores presidentes americanos sobre temas de política internacional.

RICHARD NIXON

Yorba Linda, California, 1913 - Nueva York, 1994) Político estadounidense que fue el trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos de América (1968-1974). Nació en el seno de una familia de agricultores metodistas de origen humilde que se trasladó a la localidad californiana de Whittier cuando el joven Richard tenía nueve años; allí alternó sus estudios de primaria con su trabajo en la tienda de comestibles y en la gasolinera de los padres.

Richard Nixon
Excelente estudiante, en el año 1934 se graduó en la escuela de Whittier con mención especial, lo que le valió conseguir una beca para acudir a la Universidad Duke de Carolina del Norte, donde se licenció en Derecho en 1937. Nada más acabar la carrera, se dirigió a Nueva York con objeto de conseguir trabajo en cualquier bufete de Wall Street, empeño que no consiguió. Regresó entonces a Whittier para acabar ejerciendo la abogacía en la firma de más renombre de aquella ciudad, la Winger & Bewley, de la que acabó siendo socio. Al poco tiempo fue enviado a la pequeña localidad de La Habra con la misión de dirigir una pequeña sucursal de la firma, en la que conoció a la que sería su mujer, Thelma Catherine Patricia Ryan, con la que contrajo matrimonio el 21 de julio de 1940.
En marzo de 1942, Nixon comenzó a trabajar en la Oficina del Fiscal de Washington, pero nada más comenzar la Segunda Guerra Mundial para su país se alistó en la Marina con el grado de teniente. Gran parte del conflicto lo pasó en el Pacífico, integrado en el South Pacific Air Transport Command, cuerpo en el que acabó como comandante.
Finalizada la guerra, Nixon regresó a Whittier para dedicarse por entero a la política. Su carrera comenzó en 1946, cuando fue elegido miembro de la Cámara de Representantes como representante de Whittier, tras una campaña beligerante caracterizada por un discurso patriótico y anticomunista con la que borró del mapa a su oponente, el demócrata Jerry Worheer, al que acusó de ser un instrumento de Moscú.
La carrera política de Richard Nixon despegó del todo entre los años 1948 y 1949, cuando fue miembro del Comité de Actividades Antiamericanas del senador Joseph MacArthur y consiguió que éste abriera una investigación para juzgar a Alger Hiss, antiguo oficial del Departamento de Estado sospechoso de filtrar documentación clasificada a Whitaker Chambers, un antiguo y reconocido miembro del Partido Comunista estadounidense clandestino. La excepcional brillantez con la que llevó a cabo el caso le convirtió poco menos que en un héroe nacional. Después de tan resonante éxito, Richard Nixon fue elegido para elaborar, conjuntamente con otros representantes, el Plan Marshall de ayuda económica a la Europa de postguerra.
En 1950, Richard Nixon consiguió un puesto como senador por California tras una campaña tan implacable como fulminante en la que pulverizó a su oponente, la demócrata Helen Gahagan Douglas, a la que además humilló públicamente al adjudicarle el apodo despectivo de Pink Lady. Gracias a un estilo duro e implacable que utilizaba contra todos sus oponentes, Nixon se convirtió en el más conocido y temido de los oradores republicanos.

Nixon y Eisenhower en la campaña de 1952
En 1952, el candidato republicano a la presidencia, Dwight David Eisenhower, lo escogió como vicepresidente en su candidatura, proyecto que estuvo a punto de venirse abajo cuando se descubrió que Richard Nixon había aceptado 18.000 dólares de procedencia privada para complementar su sueldo de congresista. Nixon, en un alarde de valentía, decidió asumir su propia defensa ante las cámaras de la incipiente televisión estatal, donde convenció a la audiencia de que el único regalo que había aceptado siendo senador fue un perro del que no pensaba desprenderse porque sus hijas lo adoraban. De vuelta al ruedo político totalmente limpio, Nixon volvió a arrasar al candidato demócrata a la vicepresidencia, Adlai Stevenson.
Durante sus dos mandatos consecutivos como vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon gozó de un papel y unas prerrogativas políticas inusuales para su cargo, dadas las responsabilidades políticas que Eisenhower delegó en su persona. Presidió la mayor parte de las reuniones del Gobierno y de los líderes del Congreso, a la par que asumió tres veces (1955, 1956 y 1957) las funciones presidenciales debido a la crónica dolencia cardíaca que padecía el presidente. Pero destacó sobre todo como embajador extraordinario de su país por todo el mundo, en calidad de lo cual visitó un total de 55 estados.
Durante la Convención Nacional del partido, el 20 de julio de 1960, Richard Nixon fue elegido candidato a la presidencia en detrimento del otro candidato de peso, Nelson Aldrich Rockefeller. Dio entonces comienzo una campaña intensa en la que la victoria parecía asegurada gracias a su fama bien ganada de furibundo anticomunista. Richard Nixon se enfrentó al prometedor senador demócrata John Fitzgerald Kennedy. Ambos candidatos se prestaron a debatir en cuatro espacios televisados sus respectivos programas de gobierno, baza que jugó a favor del candidato demócrata, mejor preparado para la cita y menos vacilante que Nixon, quien se mostró bastante más cansado y falto de reflejos que su oponente. Kennedy acabó ganando las elecciones por un margen muy apretado.

Kennedy y Nixon en un debate televisado
En febrero de 1968, Richard Nixon volvió a ser propuesto como candidato a la presidencia de su partido, acompañado de Spiro Theodore Agnew como vicepresidente. Esta vez, Nixon hizo un magnífico uso de la televisión para derrotar al candidato demócrata Hubert Horatio Humphrey, en una campaña de la que sacó provecho del profundo malestar de todo el país por la Guerra de Vietnam y por las profundas divisiones internas que atenazaban al Partido Demócrata. Apoyándose de una serie de hombres de su total confianza y bien preparados, a los que encargó las cuestiones más rutinarias de Gobierno, Nixon se dedicó de lleno a la política internacional, perfectamente asesorado por su secretario de Estado Henry Kissinger.
Respecto a su política interna, Richard Nixon inició un lento pero gradual desmantelamiento de las leyes fiscales implantadas desde los tiempos de las administraciones de Franklin Delano Roosevelt y su New Deal y de John F. Kennedy. Bajo un programa político denominado New Federalism, asignó 30.000 millones de dólares para reactivar la economía de los estados y de las ciudades más importantes del país, al tiempo que no dejó de favorecer los intereses económicos de las élites financieras y grandes corporaciones.
Después de propugnar la implantación de un presupuesto equilibrado, el déficit público del país aumentó espectacularmente y la inflación se hizo galopante, lo que le obligó a intervenir directamente en la economía nacional en 1971 decretando la congelación de salarios y precios y dando vía libre a una ley proteccionista frente a las importaciones, por lo que también devaluó el dólar con el objeto de hacer más competitivos los productos estadounidenses. La recesión económica del país no le impidió apoyar con una gran cantidad de dinero e inversiones de todo tipo la carrera espacial de los Estados Unidos, en dura pugna con la URSS por el liderato más que científico.
En el plano internacional, Nixon siguió practicando la misma línea imperialista de las anteriores administraciones. Pero, en relación con la Guerra de Vietnam, problema enquistado en la sociedad norteamericana, Nixon se fijó la prioridad de encontrar una salida lo más digna posible para el prestigio del país y sus fuerzas armadas, para lo cual acuñó la llamada doctrina Nixon: retirar progresivamente las tropas estadounidenses del conflicto, seguir apoyando con dinero y armas al régimen de Saigón y reservarse el derecho a intervenir en la guerra si así lo estimaba oportuno, a la par que transfería toda la responsabilidad militar sobre el conflicto al Ejército de Vietnam del Sur.
Pero, mientras dicha retirada escalonada de tropas americanas se llevaba a cabo, el conflicto fue radicalizándose cada día más y la guerra se prolongó durante cuatro años, a la vez que aumentaban las bajas de soldados estadounidenses. Nixon autorizó la incursión de tropas en Laos y Camboya para presionar al Vietcong, refugiado en ambos países, y al Gobierno de Vietnam del Norte. En abril de 1972, dio el visto bueno a un violento y mortífero bombardeo sobre Hanoi y, un mes más tarde, al minado del puerto y de los canales fluviales de Haiphong.
Richard Nixon sorprendió a principios de 1972, al visitar oficialmente la República Popular de China, lo que constituyó un gran triunfo diplomático, ya que dicho acercamiento suponía dejar fuera de juego a la URSS, por aquel entonces declarada enemiga de la China de Mao. Pocos meses después, en el mes de mayo, visitó Moscú, donde negoció el primer paso para un acuerdo sobre la limitación del armamento nuclear entre ambos países. El acuerdo fue ratificado al año siguiente, cuando el líder soviético Leonid Brezhnev devolvió la visita a Washington y se firmó el acuerdo SALT I.

Brezhnev y Nixon
Todos los pasos dados por Richard Nixon para acercarse a las dos grandes potencias comunistas del momento no significaban que éste hubiera abandonado su visceral anticomunismo, tal como demostró al apoyar a una serie de presidentes dictadores en América del Sur. Inquieto como estaba por la evolución de los acontecimientos en América Latina, en septiembre de 1973 dio el visto bueno para que la CIA colaborase en el golpe de estado del general Augusto Pinochet en Chile contra el Gobierno del socialista Salvador Allende.
El 7 de noviembre de 1972, Nixon volvió a ganar las elecciones presidenciales a su oponente demócrata George MacGovern, pero los demócratas consiguieron hacerse con la mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes, lo que puso las cosas difíciles a Nixon para poder desarrollar su programa político. Pero la caída definiva de Nixon tuvo como detonante el caso que habría de convertirse en la mayor tormenta política de la historia de Estados Unidos: el llamado escándalo Watergate. Se inició el 17 de junio de 1972 con la detención de cinco hombres cuando intentaban instalar un sistema de escuchas telefónicas tras allanar las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata, ubicadas en el edificio Watergate de Washington.
El asunto, en un principio baladí, comenzó a complicarse durante el juicio contra los encausados, llamados popularmente fontaneros, cuando confesaron ante el juez Sirica, encargado de la investigación, que habían sido enviados por altos responsables del Partido Republicano. Para agravar los problemas de Nixon, su vicepresidente, Spiro T. Agnew, fue acusado de soborno y tuvo que dimitir de su cargo (Richard Nixon lo sustituyó por otro destacado congresista republicano, Gerald R. Ford, que se convertiría en Presidente tras la renuncia de su mentor).
Tras una ardua investigación en la que colaboraron de manera decisiva los periodistas del Washington Post que habían denunciado el escándalo, Carl Bernstein y Bob Woodward, pronto se fueron conociendo nuevos datos. Paulatinamente se fue desvelando un plan preconcebido desde el entorno presidencial, en el cual se vieron implicados varios altos cargos, como John Mitchell, Ministro de Justicia; John Dean, Consejero Presidencial; H.R. Haldeman, Jefe de Personal de la Casa Blanca, o John Ehrlichman, Asesor Especial de la Casa Blanca para Asuntos Nacionales. Los dos últimos citados dimitieron en la primavera del año siguiente, poco antes de que iniciara sus sesiones un comité especial del Senado encargado de investigar las actividades presidenciales. También dejó su cargo el Procurador General, Richard Kleindienst, cuyo sucesor, Elliot Richardson, nombró a Archibald Cox como Procurador Especial encargado de investigar el asunto de las escuchas.
En las comparecencias en la Comisión, John Dean, consejero de Nixon, reveló que el propio Presidente era conocedor de las escuchas y que había grabado casi todas las conversaciones que había mantenido en la residencia presidencial y en las oficinas de su partido. Asimismo, declaró que Mitchel había ordenado el allanamiento y había tratado de encubrir la participación de la Casa Blanca, desde la cual, según su versión, había partido la autorización para que se pagase a los asaltantes por su silencio. Su testimonio fue refrendado por Butterfield, otro de los asesores presidenciales, que añadió el dato de que Nixon había ordenado la instalación en la Casa Blanca de un sistema para grabar todas las conversaciones.
El Procurador Especial ordenó a Nixon la entrega de varias grabaciones con el fin de corroborar el testimonio de Dean, ante lo cual el Presidente se negó de plano y ordenó a Richardson el cese inmediato de Cox. La dimisión de éste obligó al Fiscal General del Estado a intervenir para cesar a Cox, lo cual suscitó un gran rechazo entre la opinión público. Con el nuevo Procurador Especial, Leon Jaworski, se supo que algunas de las cintas solicitadas habían desaparecido, y que varias de las que finalmente fueron entregadas (tras decidirlo así el Tribunal Supremo) habían sido manipuladas. A comienzos de 1974 el Gran Jurado acusó formalmente a Mitchell, Haldeman, Ehrlichman y otros cuatro funcionarios más de la Casa Blanca de encubrir el asunto Watergate y aludió a la posible implicación de Nixon, aunque sin llegar a encausarle.
Todo el proceso deterioró seriamente la imagen pública del Presidente Nixon, cuya obstrucción a la investigación del asunto Watergate quedó confirmada con los testimonios recogidos en tres nuevas grabaciones presentadas a comienzos de 1974, en las cuales se reveló que había cursado orden a la Oficina Federal de Investigación (FBI) para que abandonase toda indagación de las escuchas. En los últimos días de julio, una comisión designada en el seno de la Cámara de Representantes presentó tres acusaciones formales contra el Presidente: obstrucción a la justicia, abuso del poder ejecutivo y quebrantamiento de las normas constitucionales.
Se ponía así en marcha el procedimiento del impeachment, independiente del judicial y encaminado a depurar las responsabilidades políticas del Presidente y los más altos funcionarios de la Administración. Ante ese estado de cosas, Nixon decidió finalmente renunciar a su cargo, hecho sin precedentes en la historia de los mandatos presidenciales norteamericanos que fue oficialmente comunicado el 8 de agosto de 1974. Un día más tarde fue relevado por su vicepresidente, Gerald R. Ford, que se convirtió en el trigésimo octavo Presidente de los Estados Unidos. Su primera decisión política fue exonerar formalmente a Nixon de cualquier responsabilidad penal en que pudiera haber incurrido.
Retirado en su rancho californiano de San Clemente, Nixon intentó volver a la práctica de la abogacía sin poder conseguirlo, ya que fue expulsado del Colegio de Abogados e incapacitado para el desempeño de su profesión en todo el territorio estadounidense. Nixon vivió el resto de sus días como un respetable y docto asesor político, aprovechándose de la ola ultraconservadora que impusieron al país las administraciones republicanas de Ronald Reagan y de George Bush. Precisamente este último, en el año 1992, le ofreció una pública reparación política y personal. Nixon murió dos años más tarde en Nueva York. En 1978 plasmó sus experiencias como presidente en la obra Mis memorias, libro que le convirtió en millonario por su gran éxito editorial. En el año 1986 volvió a publicar otra exitosa obra, No más Vietnam. Al año de su muerte, el afamado director de cine Oliver Stone llevó su vida al cine con el largometraje Nixon.

BILL CLINTON

(William Jefferson Clinton; Hope, Arkansas, 1946) Político norteamericano que fue el 42º presidente de los Estados Unidos (1993-2000). Se formó como abogado en las universidades de Washington (Georgetown), Oxford y Yale; en esta última conoció a Hillary Rodham, con quien se casó en 1975. Entró en la política activa desde 1972 de la mano del Partido Demócrata, para el que trabajó en las campañas electorales de George McGovern y Jimmy Carter. Tras adquirir popularidad en su Estado natal como fiscal general, fue elegido gobernador en 1978; perdió las elecciones de 1980, pero volvió a ganar las de 1982, 1984 y 1986.

Bill Clinton
En 1992 fue propuesto por su partido como candidato a la presidencia frente al republicano George Bush; durante la campaña electoral procuró vincular su imagen a la memoria del asesinado presidente John F. Kennedy (también demócrata), con el que le unían su juventud, su habilidad oratoria, exquisita educación, estilo simpático y enérgico y un ambiguo programa de «cambio», capaz de atraer votos de las más diferentes procedencias.
Tras ganar esas elecciones, Bill Clinton ocupó la presidencia en 1993. Tanto durante la campaña como en la posterior acción de gobierno contó con dos colaboradores tan brillantes como el vicepresidente Al Gore y su propia esposa, Hillary Clinton, destacada militante de la causa feminista. Precisamente a ella le encargó desarrollar el proyecto emblemático de su programa, la implantación de un sistema nacional de salud; sin embargo, no pudo sacarlo adelante por la creciente oposición conservadora, materializada al obtener los republicanos mayoría en las dos cámaras en las elecciones legislativas de 1994.
Clinton dio un giro conservador a su política, con medidas como el recorte de las ayudas sociales o el endurecimiento del bloqueo a la Cuba de Fidel Castro (1996). Consiguió así recuperar su popularidad, superando toda una serie de acusaciones personales que se le lanzaron desde su primera campaña presidencial (desde haber consumido drogas, haber eludido el servicio militar o haber sido infiel a su esposa, hasta haber manipulado a la Justicia para encubrir sus manejos inmobiliarios en el caso Whitewater). Logró así la reelección para un segundo mandato en 1996; pero las acusaciones de acoso sexual lanzadas desde la extrema derecha reaparecieron y pusieron a Clinton en graves aprietos.

martes, 19 de mayo de 2020

Hermanos Lumière

El cine
Aunque se toma como fecha del nacimiento del cine el 28 de diciembre de 1895, cuando los hermanos Louis y Auguste Lumière ofrecen la primera exhibición pública de su cinematógrafo, se sabe que en esas fechas otros muchos pioneros ya estaban proyectando también imágenes por otros sistemas que quizás todavía no tenían la perfección del francés, pero que buscaban el mismo objetivo. Los precursores fueron básicamente fotógrafos que disponían de una mínima infraestructura para poder procesar en sus laboratorios las imágenes obtenidas. La primera proyección de los Lumière se ofreció en el conocido Salon Indien del Gran Café, situado en el número 14 del Boulevard des Capucines parisino. Los despistados que se dejaron atraer por el cartel del espectáculo fueron más notorios que aquellos que habían recibido una invitación personal de los Lumière. Los comentarios de la época señalan que los espectadores quedaron asombrados ante aquellas imágenes que pasaban ante sus ojos.

Los hermanos Lumière
Para hacerse una cabal idea de la impresión recibida por el público es preciso situarse en ese mundo de hace más de un siglo, en el que no existía la imagen en movimiento. Grabados, cuadros, fotografías: reproducir el mundo significaba detenerlo, convertirlo en algo inmóvil, en el recuerdo de un gesto. La estampa otoñal de una calle, un grupo familiar frente a un plácido jardín burgués, un vacío atardecer de estío al borde del mar. Tan sólo cincuenta años antes el hombre había aprendido a reproducir mecánicamente la realidad tal y como la vemos mediante fotografías. El nacimiento de la fotografía había constituido una verdadera revolución para los ojos de la humanidad: lo que una persona había visto en un país muy lejano lo podía ver otra, con absoluta precisión y exactitud, sin necesidad de moverse de su hogar.
El 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumière dieron un paso más. En aquella lujosa avenida de la capital francesa se concentraba esa tarde un pequeño grupo de gente ante la puerta de un local en el que se anunciaba la presentación de un nuevo invento. Su escueto anuncio decía: "Cinematógrafo Lumière. Entrada 1 franco". De entre todos los paseantes, treinta y tres fueron las personas que se dejaron arrastrar por el enigmático cartel. Cuando se sentaron en la sala (unos antiguos billares llenos de asientos, presididos por un mudo rectángulo de tela blanca), se apagaron las luces. Algo ronroneó en el silencio, y apareció una imagen en la tela. Una proyección. La vacilante imagen de una estación de tren.
Por unos breves instantes, nada de lo visto resultó innovador a los ojos de la audiencia: en los últimos años ya se conocían linternas mágicas capaces de proyectar fotografías en las paredes. Pero esta magia nueva escondía otra magia. De repente, ante los ojos atónitos del público, todas las figuras que poblaban la estación no solamente temblaban en la blancura de la pantalla, sino que también se movían. Aquellas figuras fotografiadas miraban a izquierda y derecha esperando la llegada del tren. Llegó entonces el momento cumbre. Del fondo de la imagen surgió una locomotora, avanzando lentamente en dirección a los presentes. Eso ya era demasiado: algunos de ellos, realmente asustados, saltaron de sus asientos y se precipitaron hacia la salida. No volvieron a ellos hasta que se les garantizó que la locomotora se había detenido en la estación. La impresión de realidad de aquellas breves imágenes había sido tan fuerte que salieron del local presos de una nueva excitación: habían asistido al nacimiento de algo nunca visto, un espectáculo singular que no ha dejado de fascinar a sus seguidores desde el mismo día de su nacimiento. Pronto corrió por todo París la noticia, y el Salon Indien se quedó pequeño.

Fotograma de La llegada de un tren a la estación
Todo eso no ocurrió, por cierto, en la primera sesión de proyección (La llegada de un tren a la estación es un filme posterior a esa fecha), pero igualmente, para los hermanos Auguste y Louis Lumière, aquel espectáculo no dejaba de ser una mezcla de experimento científico y número de feria, por mucho éxito que tuviera. El inventor estadounidense Thomas Alva Edison ya había desarrollado, antes de la proyección de los Lumière, una película que presentaba imágenes en movimiento. La diferencia residía en que su kinetoscopio era para un solo espectador, un pequeño objeto giratorio cuyo interior podían contemplar los visitantes de las ferias ambulantes tras introducir una moneda. Los Lumière, sin embargo, tuvieron la intuición de pensar que aquello tenía que ser algo colectivo, una ceremonia pública. Si se prescinde de las aspectos técnicos del invento, ésa fue sin duda su mayor aportación. Y así es como ha seguido siendo el cine desde entonces.
Las primeras películas de los Lumière (la ya citada La llegada de un tren a la estación, y otras como La salida de los obreros de la fábrica LumièreLa salida del puertoJuego de cartasEl desayuno con el bebéLa llegada de los congresistas a Neuville-sur-Saône o Los herreros) tenían una duración muy breve (menos de un minuto) y una gran simplicidad formal: una toma desde un solo punto de vista servía ya para despertar el interés y la fantasía de la audiencia. Del mismo modo que había sucedido con la fotografía, pronto se pensó en enviar a los operadores a lugares remotos del mundo para captar realidades poco habituales a los ojos del público. Escenarios exóticos, gentes lejanas, acontecimientos de la vida política y social o escenas deportivas: pequeños documentales en movimiento que cumplían parecida misión que las imágenes fotográficas, pero con mayor espectacularidad.
La ficción: Méliès y Porter
El primero en darse cuenta de que el cine no sólo servía para captar la realidad fue, curiosamente, un mago llamado Georges Méliès, que había sido uno de los primeros espectadores de la proyección de los Lumière. Según la leyenda, se dirigió rápidamente a los hermanos para comprarles uno de sus aparatos tomavistas. Al parecer, éstos intentaron disuadirlo de su propósito, porque estaban convencidos de que la moda de los documentales en movimiento sería efímera y que pasaría tan pronto como se agotara la capacidad de sorpresa del público: el cine, según los hermanos Lumière, no iba a pasar de ser una curiosidad.

Georges Méliès
Sin embargo, Méliès no desistió en su empeño. Construyó su propia cámara y empezó a rodar. Mientras filmaba unas anodinas escenas en la Place de l'Opéra de París, su cámara se quedó bloqueada durante más de un minuto. Transcurrido ese lapso de tiempo, los vehículos y las personas que llenaban la calle habían cambiado, naturalmente, de posición. Cuando Méliès proyectó más tarde el fragmento filmado, comprobó con gran estupor que "un tranvía se había convertido en un coche fúnebre, y los hombres eran ahora mujeres". Había nacido en aquel momento el trucaje cinematográfico, y con él la inmensa capacidad del cine para hacer soñar al espectador.
Méliès aplicó pronto las propiedades ilusionistas y evocadoras del trucaje para crear pequeños fragmentos de ficciones imaginarias, pobladas de seres imposibles, con extravagantes decorados pintados a mano en los que se desarrollaban situaciones totalmente irreales: Viaje a la LunaEl hombre de la cabeza de gomaViaje a través de lo imposible... Recreó también, con actores teatrales, noticias de la actualidad que parodiaban la seriedad de los documentales cinematográficos de su tiempo. Méliès introdujo la ficción en el corazón de aquel invento que hasta entonces tan apegado había estado a la realidad inmediata. Junto a las de Méliès en Francia, serían decisivas las aportaciones de Edwin Stratton Porter en América: películas como Salvamento en un incendio (1902) o el primer western, Asalto y robo a un tren (1903), introducen importantes innovaciones, como las acciones paralelas, el primer plano y el suspense, que permitían crear líneas narrativas más largas en las que la acción se trasladaba de una escena a otra.

Fotogramas de El hombre de la cabeza de goma (1901)
Viaje a la luna (1902), de Georges Méliès
Aunque el kinetoscopio de Edison era ya conocido, el detonante del nacimiento de la industria cinematográfica en Estados Unidos fueron las exhibiciones ofrecidas por el representante de los hermanos franceses. Los empresarios locales pronto decidieron hacer frente común para el desarrollo de una industria propia, y así fueron surgiendo las primeras productoras: Biograph (1897) y Vitagraph (1898) se unieron a la ya implantada Edison Co. (1892). El mercado era prometedor, y para satisfacer sus demandas se disponía no sólo de las películas sobre todo tipo de temas que cada empresa producía, sino que también se comercializaban otras películas llegadas de Europa sin ningún control.
En el resto del mundo las primeras imágenes que se exhiben a partir de 1895 son básicamente las procedentes de la factoría Lumière. En cada país los representantes de la firma ruedan también breves filmes de asuntos convencionales y acontecimientos sin importancia, lo que permite disponer de imágenes autóctonas para programar en las salas locales con el fin de interesar al público por el nuevo espectáculo. En Inglaterra destacó el grupo de fotógrafos de Brighton: James Williamson, George Albert Smith y Alfred Collins aprovecharon las aportaciones de su coetáneo Robert William Paul para rodar escenas que poco se diferenciaban de las filmadas por los franceses y norteamericanos.
El desarrollo de la industria
Entre 1895 y 1902, el pesimismo de los Lumière respecto al cine como negocio fue contrarrestado básicamente por la producción de Méliès y Edison. Edison quiso controlar desde el primer momento el negocio del cine como si fuera patente suya. Su tenaz empeño por reclamar los derechos sobre sus patentes le condujo a estar durante años permanentemente en el juzgado para supervisar los varios centenares de denuncias contra aquellos que querían usurparle sus derechos. Esta primera guerra finalizó en 1908, con la puesta en marcha de la Motion Pictures Patents Company o MPPC, grupo al frente del cual se situaría el mismo Edison.
Durante esos primeros años se diseñaron los primeros pilares de la industria del cine en todo el mundo, en unos países con más fuerza e intención que en otros. El sector de producción se consolidó a partir de algunas empresas que serían motores indiscutibles del negocio en estos años; hablar de las firmas francesas Pathé y Gaumont, de la danesa Nordisk Film y de las norteamericanas ya mencionadas significa hablar de calidad y éxito. El sector de exhibición comenzó a fragmentarse: por un lado continuaron muchos empresarios con sus programas ambulantes, mientras que en las grandes ciudades los barracones dieron paso entre 1903 y 1906 a las salas estables y a los primeros coliseos. La distribución, por su parte, carecía aún del protagonismo que con el tiempo iba a tener. Las películas eran ya más largas y las productoras no podían hacerse cargo de la comercialización de sus títulos; por ello surgieron en este momento los primeros intermediarios.
Entretanto, en el seno de las principales productoras empezó a surgir un plantel de directores, operadores y actores, generando una corriente profesional que se iría ampliando en cuanto a sus facetas a medida que la producción de películas se fuera complicando. Junto a Edwin S. Porter o los franceses Ferdinand Zecca y Louis Feuillade, en todos los países fueron numerosos los directores que llegaron al cine casualmente y que maduraron sobre su propio aprendizaje. Se hablaba ya del cine como Séptimo Arte (a partir del Manifiesto de las siete artes hecho público por Ricciotto Canudo en 1911), surgieron las primeras estrellas de la pantalla, se desarrolló la promoción, se consolidó el lenguaje cinematográfico y se impuso el formato de largometraje como medida estándar para las películas.
En Europa, el cine italiano buscó espectacularidad en sus historias (Los últimos días de Pompeya, 1907) y rodó fastuosas epopeyas clásicas como Quo Vadis? (1913), de Enrico Guazzoni, o Cabiria (1914), de Giovanni Pastrone. El cine francés volvió su mirada sobre la calidad de los textos de los grandes autores y la interpretación de sus actores más consagrados. De impulsar estos proyectos se encargaría la productora Film d'Art, fundada por unos banqueros parisinos, a la que se deben películas como El asesinato del duque de Guisa (1908). En este mismo sentido se movió el cine español, sustentando su producción en comedias y dramas de gran tradición literaria, sorprendiendo que en una cinematografía con escasos recursos económicos, que temáticamente se miraba a sí misma, tuviese la osadía de participar en La vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América (1916), una coproducción con Francia de presupuesto desmedido (un millón de pesetas de la época).
Mientras en el viejo continente buena parte de la producción miraba hacia el teatro, los norteamericanos consolidaron la rentabilidad de sus empeños económicos estableciendo una oferta de entretenimiento que superaba con creces los trabajos de las cinematografías del resto del mundo. Desde los primeros años del siglo XX, el desarrollo de la industria del cine confirmó la vida efímera de muchas firmas y el crecimiento de aquellas que pensaban seriamente en el presente y el futuro. Los productores norteamericanos se decantaron por las tierras californianas para rodar muchas de sus películas (Hollywood comenzó a funcionar como tal a partir de 1907) y acabaron por deshacerse del control de Edison.
Consolidación y creatividad
Puede afirmarse que hacia 1915 quedaba superada la etapa pionera del cine y se entraba ya de lleno en otra más creativa e industrial, que desarrollaría los aspectos fundamentales del cine como arte y como entretenimiento. Lo que en principio fue un trabajo intuitivo de esfuerzos individuales se convertiría, desde ese momento, en un empeño empresarial en el que los intereses comerciales tendrían el papel protagonista que cabía esperar en un negocio que iba en aumento.
Los años que van de 1915 a 1927, desde El nacimiento de una nación de D. W. Griffith hasta El cantor de jazz, la primera película hablada, constituyen un período extraordinariamente fructífero y decisivo para la historia del cine. En Estados Unidos, surgen los westerns de Thomas Harper Ince, el cine cómico de Mack Sennett con sus tartas voladoras, los dibujos animados de Walt Disney, las grandes epopeyas de Cecil B. DeMille, las inolvidables figuras de Harold LloydBuster Keaton y Charlie Chaplin, y uno de los maestros de la cinematografía mundial, D. W. Griffith. Secuencias, acciones paralelas, variedad de planos, utilización de la luz con efectos dramáticos...: Griffith recoge los descubrimientos anteriores y crea un lenguaje que supone el comienzo de una nueva etapa, la del cine como espectáculo.

Metrópolis (1926) de Fritz Lang
El acorazado Potemkin (1925) de Eisenstein
Simultáneamente, el cine se convierte en uno de los medios de expresión artística más cultivados por la vanguardia artística europea. En Alemania, la escuela expresionista crea una cinematografía totalmente alejada del realismo del cine americano, con obras de temática fantástica y un lenguaje visual muy particular marcado por una escenografía extraña (ángulos y planos, paredes inclinadas e insólitas arquitecturas), una gestualidad y maquillaje exagerados y violentos contrastes de iluminación, que encuentra su paradigma en El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene (1919), y en la obra alemana de dos grandes directores, Friedrich Wilhelm Murnau con Nosferatu, el vampiro (1922) y Fritz Lang, con Los nibelungos (1923-1924) y Metrópolis (1926).
Tras el triunfo de la revolución soviética, la vanguardia artística rusa utiliza nuevas vías expresivas como el cine para propagar la nueva ideología. Tras una primera etapa marcada por los documentales de estética realista y la producción de Dziga Vertov (creador del "cine-ojo", cuyas obras prescinden del guión, la interpretación y el decorado), a partir de 1921 los cineastas rusos reconstruyen episodios revolucionarios de gran complejidad. La mayor aportación del cine soviético se da en el campo del montaje, con la creación de nuevos espacios, tiempos, relaciones y significados a través de la yuxtaposición audaz de planos. Deben citarse al menos dos grandes nombres: Vsevolod Pudovkin y Serguéi Eisenstein, este último autor de una película mítica, El acorazado Potemkin (1925), en la que destaca especialmente la secuencia de la escalera de Odessa, rodada con 170 planos y un uso magistral del primer plano y del montaje.
Con el estreno de El cantor de jazz de Alan Crossland (el 6 de octubre de 1927) se inicia la era del sonoro en el cine. Esta película cantada dejó al público boquiabierto y provocó una revolución de los modos expresivos cinematográficos: los actores debieron aprender a hablar correctamente, y una grave crisis cayó sobre las figuras del cine mudo. Griffith, Keaton, Von Stroheim y Chaplin, entre otros, firmaron escritos denunciando el nuevo sistema. Pronto, sin embargo, comprendieron que no podían oponerse al progreso: Charles Chaplin y Sergei Eisenstein realizarían películas sonoras, mientras Buster Keaton y Erich von Stroheim se pasaban a la interpretación. A esta primera gran revolución seguirían la aparición del color, el cinemascope y la separación del micrófono de la cámara tomavistas (lo que permite recomponer en el estudio un sonido distinto al de la filmación), que sentarían las bases del cine de nuestro tiempo.