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lunes, 27 de abril de 2020

John Negroponte

(Londres, 1939) Diplomático estadounidense que ha ocupado diversos cargos relevantes en la administración de George W. Bush. John Dimitri Negroponte nació en Londres el 21 de julio de 1939. Hijo de un rico armador griego, emigró con su familia a Estados Unidos cuando todavía era un niño. Se licenció en la Universidad de Yale y muy pronto entró en el servicio diplomático estadounidense.
En 1960, con sólo veinte años, se le encargó la primera misión en Hong Kong. Destinado a la ciudad vietnamita de Saigón (actual Hô Chi Minh), donde aprendió rápidamente el idioma, fue incluido por el secretario de Estado, Henry Kissinger, en la delegación que entre 1968 y 1969 negoció en París con Vietnam para intentar alcanzar un acuerdo de paz. Desde 1971 estuvo al frente del Consejo de Seguridad Nacional en Vietnam, bajo la supervisión directa de Kissinger, cargo que abandonó en 1973 al entender que se habían otorgado demasiadas concesiones.

John Negroponte
Durante la década de 1970 ejerció de embajador en Ecuador (1973-1975) y Grecia (1975-1977), antes de regresar a Estados Unidos como ayudante del secretario de Estado. Posteriormente realizaría funciones de asesoramiento en temas relacionados con Asia, fruto de su pasado en Vietnam.
Con la experiencia adquirida durante los años anteriores en países de varios continentes, Negroponte ya era considerado un diplomático al que se le podían dar misiones importantes y un cierto poder. Fue entonces cuando vivió su etapa diplomática más oscura -que marcaría toda su carrera posterior-, en América Latina, bajo la presidencia de Ronald Reagan y dentro del contexto de la lucha anticomunista.
Su papel en Honduras
En noviembre de 1981 fue nombrado embajador en Honduras, país que en aquel momento tenía un papel estratégico para Estados Unidos, preocupado por la evolución del sandinismo en Nicaragua, que había conseguido alcanzar el poder en 1979. Estados Unidos contaba en Honduras -un pequeño país de menos de cuatro millones de habitantes- con 400 funcionarios, la tercera embajada más numerosa de América Latina, lo que incrementaba las sospechas sobre la supuesta formación técnica de personal estadounidense a grupos paramilitares.
Honduras era un país amigo, apoyado económica y militarmente, donde el embajador estadounidense tenía una gran influencia. Negroponte estuvo al frente de la embajada durante casi cuatro años y estaba considerado, junto al general y jefe de las Fuerzas Armadas Gustavo Álvarez y el presidente hondureño, Roberto Suazo Córdoba, como la persona con más poder en el país. El embajador estadounidense tenía su propia explicación sobre el origen de la violencia en la zona: “La causa principal de la violencia, el terrorismo y la guerrilla la podemos encontrar en las cartillas revolucionarias de Lenin y no en los deplorables estados de pobreza y miseria”.
Aunque oficialmente se negó cualquier implicación y conocimiento en la “guerra sucia” contra el régimen sandinista y con los escuadrones de la muerte que operaban en Honduras, siempre planeó la duda sobre la ignorancia de Negroponte respecto a las violaciones de derechos humanos, reconocidas posteriormente por el propio Gobierno hondureño. Un reportaje periodístico ganador del premio Pulitzer publicado en 1995 en The Baltimore Sun concluía que tanto la embajada estadounidense como la CIA debían tener conocimiento de los asesinatos y torturas del batallón 316, grupo surgido durante su época de embajador.
Negroponte siguió negando cualquier conocimiento sobre el tema. El Senado estadounidense llegó a interrogarlo sobre su supuesta participación en la desaparición de informes sobre violaciones de derechos humanos, pero no se pudo demostrar nada. Sin embargo, la sospecha nunca le abandonaría.
Al regresar a Estados Unidos, ocupó los cargos de ayudante del secretario de Estado y ayudante adjunto de Seguridad Nacional, bajo las órdenes de Colin Powell, para quien desde entonces se convertiría en hombre de confianza. Volvió a ser nombrado embajador, en este caso en México en 1989, donde mostró un talante negociador que permitió la ratificación en 1993 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que incluía a Estados Unidos, Canadá y México. Ese mismo año fue enviado a Filipinas, donde estuvo al frente de la embajada hasta 1996. Después de negociar la retirada de las tropas estadounidenses de Panamá, en 1997 decidió retirarse del servicio diplomático.
Embajador ante la ONU
En 1997-2001 trabajó en la empresa privada (fue vicepresidente de la editorial McGraw-Hill), pero volvió al sector público, a propuesta de Colin Powell, para ser el embajador ante la ONU. Su oscuro pasado en Honduras, del que se iban conociendo detalles, abrió una polémica sobre su idoneidad para ocupar el cargo, por lo que su nombramiento se fue retrasando, e incluso en alguna sesión fue atacado abiertamente. Él siguió defendiéndose: “No creo que hubiera escuadrones de la muerte en Honduras”. Los atentados del 11 de septiembre acallaron cualquier discrepancia. Una semana después del ataque terrorista, era nombrado embajador ante la ONU.
En su nuevo cargo, fue la voz de Estados Unidos ante las Naciones Unidas en el difícil periodo de preguerra con Iraq. En 2002 y 2003 presionó al organismo internacional para que se mostrara más firme ante Iraq en el proceso de desarme, aunque defendió la labor de los inspectores y de Hans Blix hasta que la diplomacia se rompió. Entonces se esforzó por convencer al Consejo de Seguridad para que aprobara una resolución definitiva que permitiera el uso de la fuerza. A pesar de que ésta no se dio en los términos deseados, apoyó la decisión del presidente Bush de invadir el país en febrero de 2003 y se mantuvo firme en esa postura durante las reuniones posteriores en el seno de la ONU.
Diplomacia en Iraq
A mediados de 2004, una vez finalizada la etapa de Paul Bremer (administrador nombrado por Estados Unidos) en Iraq, fue elegido para ocupar el puesto de primer embajador tras la caída de Sadam Hussein de Estados Unidos en aquel país, en una situación delicada, debido a los continuos atentados de la insurgencia y a las dudas existentes en la comunidad internacional sobre el verdadero poder del Gobierno provisional iraquí. “Es un hombre de gran experiencia y habilidad. Por eso me siento muy a gusto al pedirle que cumpla con esta difícil tarea”, dijo Bush cuando lo presentó como el nuevo embajador.
Su principal función en esta etapa fue colaborar con el Gobierno iraquí en la preparación de las elecciones que se celebraron en enero de 2005. En general, hubo satisfacción por el proceso electoral y por el trabajo realizado por la embajada.
En febrero de 2005 George W. Bush, lo designó director de la Inteligencia Nacional, cargo creado con la misión de coordinar las 15 agencias de espionaje existentes en el país. La Comisión del 11-S, que investigó los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, había desvelado la descoordinación existente entre los diversos organismos encargados de la seguridad en Estados Unidos. Ante las recomendaciones de la comisión y la presión popular, el presidente decidió crear este nuevo cargo que coordinara todas las agencias de espionaje, entre las cuales se encuentran la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad.
Dado su perfil, hubo división de opiniones cuando se supo la decisión de Bush de escoger a Negroponte para ponerse al frente de los servicios de espionaje estadounidenses. Algunos lo entendieron como la opción más adecuada, por su capacidad para superar las situaciones difíciles: Honduras, ONU, Iraq… Pero también hubo quien opinaba que se trataba de un perfil demasiado burocrático y diplomático para un puesto que necesitaba de alguien capaz de tomar decisiones radicales. Desde su nuevo cargo, Negroponte debe transmitir diariamente al presidente estadounidense la información secreta más importante, una selección de todos los informes recogidos por las diversas agencias.
Además del inglés, Negroponte habla cuatro idiomas -francés, español, griego y vietnamita-, está casado con una profesora británica de historia y tiene cinco hijos, todos adoptados durante su estancia en Honduras.

Roberto Benigni

(Misericordia, Arezzo, 1952) Actor y director de cine italiano que alcanzó reconocimiento internacional como director y protagonista de la película La vida es bella (1997), ganadora de tres Oscar de la Academia de Hollywood.

Roberto Benigni
Miembro de la nueva generación de cómicos italianos que comenzó a despuntar a principios de los noventa, Roberto Benigni inició su carrera interpretativa en el teatro experimental, donde desarrolló una faceta cómica que aprovecharía en su trayectoria posterior, tanto en el teatro como en el cine y la televisión.
Desde mediados de los años setenta comenzó a trabajar para la gran pantalla como actor y guionista. En su faceta de actor, asumió papeles de diversa consideración que pasaron en su mayor parte desapercibidos: intervino en películas como Camas calientes (1979), de Luigi Zampa, o La luna (1979), de Bernardo Bertolucci, pero la mayor parte de sus interpretaciones se dieron en comedias notables aunque intrascendentes, muchas de las cuales no llegaron a estrenarse fuera de su país.
No obstante, su trabajo no pasó desapercibido para algunos directores de culto como Federico Fellini o Jim Jarmusch, quienes apreciaron su talento y sus recursos dramáticos. Jarmusch le ofreció colaborar en Bajo el peso de la ley (1986) y en Noche en La Tierra (1992). Fellini, por su parte, lo llamó para intervenir en su obra póstuma, La voz de la luna (1990).
Su actividad como director comenzó a principios de los ochenta. Tras su debut en Tu mi turbi (1983), pronto fraguó algunos éxitos del cine italiano como Non ci resta che piangere (1984, codirigida con Massimo Troisi), Johnny Palillo (1991) y El monstruo (1995). Caracterizado por un tipo de humor típicamente toscano, Benigni creó un prototipo cómico completamente personal, desacralizador y funambulesco. Recargó su mímica y su expresión corporal, sin descuidar su excepcional capacidad de jugar con las palabras para obtener efectos cómicos surrealistas o grotescos.

Roberto Benigni en La vida es bella (1997)
Pese a que para la crítica su nombre no había pasado inadvertido, en 1997 sorprendió el extraordinario nivel de una película que dirigió y protagonizó: La vida es bella. La historia se inicia en 1939, en una pequeña ciudad de la Toscana italiana, en la que Guido (que quiere hacerse librero) y su amigo el poeta Ferruccio viven preocupados únicamente del amor y del dinero, sin reparar en el cada vez más amenazador antisemitismo que el gobierno fascista y su alianza con los nazis están exacerbando. Guido, que además es de origen judío, se enamora de Dora, una maestra que está comprometida con un oficial fascista. Sin embargo, Guido no claudica, y consigue seducirla, casarse y tener un hijo con ella, llamado Giouse. Pasa el tiempo y la situación se agrava. Guido y el pequeño Giouse son deportados, mientras Dora, por amor, se "deportará" a sí misma para estar junto a ellos. En el campo de concentración, Guido logrará ocultar a su hijo la terrible realidad inventándose un ingenioso juego.
El filme combinaba con habilidad un tierno sentido del humor con la más absoluta de las tragedias; lo que en un principio parece otro relato sobre el holocausto judío se convierte, sin aparatosos golpes de efecto, en un canto a la esperanza. Benigni supo con esta modesta y emotiva película pulsar a la perfección las fibras más sensibles del gran público. Lo cierto es que La vida es bella es una película construida a partir de una respetuosa adoración al maestro Charles Chaplin, y en concreto a dos de sus películas más emblemáticas, El gran dictador (1940), por su diatriba contra el nazismo, y El chico (1920), por la delicadeza con la que trata la relación con un niño.
En Estados Unidos La vida es bella se convirtió en una de las películas extranjeras más taquilleras de toda la historia, al tiempo que se hacía con los Oscar a la mejor película extranjera (en este aspecto, cabe destacar que el filme competía también en la categoría de mejor película, circunstancia que se había dado únicamente en otra ocasión en toda la historia de los premios de la Academia), al mejor actor (para el propio Benigni) y a la mejor banda sonora de drama, para una partitura, original de Nicola Piovani, que entroncaba con la más pura tradición de la música italiana para el cine: sentimental, colorista, evocadora.
Como suele suceder, el éxito de ésta última película produjo una revalorización de sus trabajos anteriores, así como un interés inusitado por lo que rodea a su figura. En junio de 1999 la Universidad Ben Gurion de Israel le nombró doctor honoris causa. Participó después en la superproducción francesa Astérix y Obélix contra César, en la que encarnó al popular Astérix, personaje de cómic ideado por Albert Uderzo y René Goscinny. Como director, Benigni ha firmado en los últimos años Pinocho (en 2002, una exitosa versión del famoso cuento de Carlo Collodi) y El tigre y la nieve (en 2006, un alegato contra la guerra).

domingo, 26 de abril de 2020

Clarín [Leopoldo Alas]

(Leopoldo García-Alas y Ureña, también conocido por su seudónimo Clarín; Zamora, 1852 - Oviedo, 1901) Novelista español, autor de La Regenta (1884-1885), una de la máximas creaciones de la narrativa decimonónica. Junto con Benito Pérez Galdós, es el principal representante en España de las corrientes que dominaron la escena literaria europea durante la segunda mitad del siglo XIX: el realismo y el naturalismo.
Aunque nació en Zamora, donde su padre había sido nombrado gobernador civil, era de familia asturiana y a partir de los siete años vivió en Oviedo, ciudad a la que le uniría una estrecha relación y que se convertiría, de alguna manera, en la protagonista de su obra maestra, La Regenta. Estudió en Oviedo, con brillantes calificaciones, tanto en el colegio como en la universidad. Muy joven manifestó una exaltada afición por la literatura y una notable aptitud para el teatro y el periodismo satírico.

Clarín
La revolución de 1868 despertó sus simpatías por la causa republicana y liberal, y sus años en Madrid (1871-1882), donde estudió filosofía y letras y se doctoró en leyes, le permitieron tener contacto con el círculo intelectual krausista, cuya influencia, muy en especial de su profesor Francisco Giner de los Ríos, fue decisiva en su formación.
Con el seudónimo de Clarín, se convirtió, a partir de 1875, en uno de los colaboradores más activos de la prensa «democrática». En 1883 contrajo matrimonio y obtuvo la cátedra de economía y estadística en la Universidad de Zaragoza. Al año siguiente logró su traslado a la Universidad de Oviedo, donde enseñó derecho romano, actividad que alternó con las de articulista y escritor.
Sus artículos literarios y satíricos, publicados mayoritariamente en la revista Madrid Cómico, alcanzaron gran popularidad, pero su mordacidad le valió numerosas enemistades e incluso algún duelo. A su llegada a la capital asturiana, emprendió la redacción de La Regenta, cuyo primer volumen aparecería en 1884. Dentro de su producción crítica destacan los Folletos literarios, una serie de ocho opúsculos publicados entre 1886 y 1891.
Lector infatigable y estudioso concienzudo, sus más de dos mil artículos filosóficos, políticos y literarios publicados lo convirtieron en el mayor crítico literario de su tiempo, y en una autoridad intelectual influyente y respetada. Su ideología progresista y su adscripción a la ética liberal del krausismo entroncan con la voluntad política, característica de ese fin de siglo, de superar la tradicional inercia cultural española.
Sin embargo, a partir de 1890, al sentir que no pertenecía a ninguna de las clases sociales históricamente activas y despreciando a una burguesía cuya única aspiración se limitaba al beneficio, poco a poco sustituyó ese dinamismo histórico por una moral más bien individual que reivindicaba la emancipación del hombre por la cultura. Para él, la posibilidad del progreso social estaba íntimamente ligada al progreso moral del hombre.
Esa nueva orientación lo llevó a concentrarse más en su obra literaria y a revisar sus convicciones positivistas. Sin alejarse definitivamente de la ciencia, relativizó su poder y centró sus esfuerzos literarios en la descripción de la interioridad humana. Para Clarín, no hay valor auténticamente humano que no sea valor de interioridad. De ahí sus implacables críticas a la Iglesia institucional y su repugnancia por la falsedad, la impostura y la hipocresía, componentes centrales de la sociedad provinciana y decadente que describe magistralmente su novela La Regenta.
El centro de su pensamiento filosófico y religioso se articula entre el reconocimiento del poder de la razón y la permanente intuición del misterio. El «realismo humano» de Clarín adopta las enseñanzas de movimientos y personajes tan dispares como el naturalismo de Victor Hugo, el psicologismo de Paul Bourget o el racionalismo espiritual de Ernest Renan. Si bien es indiscutible que la gran obra que deja Clarín es su novela La Regenta, sus relatos breves y su teatro son parte insoslayable de su producción y destacan por la ironía y la ternura inteligente. En cuanto a su vocación teatral, en 1885 estrenó Teresa, obra considerada actualmente como uno de los intentos más notables de renovación del teatro español del siglo XIX.

Benito Pérez Galdós

(Las Palmas de Gran Canaria, 1843 - Madrid, 1920) Novelista, dramaturgo y articulista español, máximo representante (junto con Leopoldo Alas «Clarín») de las corrientes realista y naturalista en la narrativa española. Benito Pérez Galdós nació en el seno de una familia de la clase media de Las Palmas, hijo de un militar. Recibió una educación rígida y religiosa, que no le impidió entrar en contacto, ya desde muy joven, con el liberalismo, doctrina que guió los primeros pasos de su carrera política.

Benito Pérez Galdós
Cursó el bachillerato en su tierra natal, y en 1867 se trasladó a Madrid para estudiar derecho, carrera que abandonó para dedicarse a la labor literaria. En 1870 apareció su primera novela, La sombra, de factura romántica, a la que siguió ese mismo año La fontana de oro, que parece preludiar los Episodios Nacionales.
Dos años más tarde, poco después de la muerte de su padre y mientras trabajaba como articulista para La Nación, Benito Pérez Galdós emprendió la redacción de los Episodios Nacionales, probablemente inspirado en los relatos de guerra de su progenitor, que había participado en la guerra contra Napoleón. El éxito inmediato de la primera serie, que se inicia con la batalla de Trafalgar, lo empujó a continuar con la segunda, que acabó en 1879 con Un faccioso más y algunos frailes menos. En total, veinte novelas enlazadas por las aventuras folletinescas de su protagonista.
Durante este período también escribió novelas como Doña Perfecta (1876) o La familia de León Roch (1878), obra que cierra una etapa literaria señalada por el mismo autor, quien dividió su obra novelada entre «Novelas del primer período» y «Novelas contemporáneas». Este segundo grupo se inicia en 1881, con la publicación de La desheredada. Según confesión del propio escritor, con la lectura de La taberna, de Zola, descubrió el naturalismo, lo cual cambió la manière de sus novelas, que incorporarán a partir de entonces métodos propios del naturalismo, como es la observación científica de la realidad a través, sobre todo, del análisis psicológico, aunque matizado siempre por el sentido del humor.
Bajo esta nueva manière escribió alguna de sus obras más importantes, como Fortunata y Jacinta (1886-1887), Miau (1888) y Tristana (1892). Todas ellas forman un conjunto homogéneo en cuanto a identidad de personajes y recreación de un determinado ambiente: el Madrid de Isabel II y la Restauración, en el que Galdós era una personalidad importante, respetada tanto literaria como políticamente.
En 1886, a petición del presidente del partido liberal, Práxedes Mateo Sagasta, Benito Pérez Galdós fue nombrado diputado de Puerto Rico, cargo que desempeñó (a pesar de su poca predisposición para los actos públicos) hasta 1890, con el fin de la legislatura liberal y, al tiempo, de su colaboración con el partido. También fue éste el momento en que se rompió su relación secreta con Emilia Pardo Bazán e inició una vida en común con una joven de condición modesta, con la que tuvo una hija.
Un año después, coincidiendo con la publicación de una de sus obras más aplaudidas por la crítica, Ángel Guerra, ingresó (tras un primer intento fallido en 1883) en la Real Academia Española. Durante este período escribió algunas novelas más experimentales, en las que, en un intento extremo de realismo, utilizó íntegramente el diálogo, como Realidad (1892), La loca de la casa (1892) y El abuelo (1897), algunas de las cuales adaptó también para la escena. El éxito teatral más importante, sin embargo, lo obtuvo con la representación de Electra (1901), obra polémica que provocó numerosas manifestaciones y protestas por su contenido anticlerical.
Durante los últimos años de su vida se dedicó a la política; en la convocatoria electoral de 1907 fue elegido por la coalición republicano-socialista, cargo que le impidió, debido a la fuerte oposición de los sectores conservadores, obtener el Premio Nobel. Paralelamente a sus actividades políticas, problemas económicos le obligaron a partir de 1898 a continuar los Episodios Nacionales, de los que llegó a escribir tres series más.

Gustave Flaubert

(Ruán, Francia, 1821 - Croisset, id., 1880) Escritor francés. Cronológicamente el tercero de los grandes novelistas del realismo francés (tras Stendhal y Balzac), Gustave Flaubert fue el más exigente y perfeccionista de ellos en materia de objetividad y estilo.

Gustave Flaubert
Hijo de un médico, la precoz pasión de Flaubert por la literatura queda patente en la pequeña revista literaria Colibrí, que redactaba íntegramente, y en la que de una manera un tanto difusa pero sorprendente se reconocen los temas que desarrollaría el escritor adulto. Estudió derecho en París, donde conoció a Maxime du Camp, cuya amistad conservó toda la vida, y junto al que realizó un viaje a pie por las regiones de Turena, Bretaña y Normandía. A este viaje siguió otro, más importante (1849-1851), a Egipto, Asia Menor, Turquía, Grecia e Italia, cuyos recuerdos le servirían más adelante para su novela Salambó.
Excepto durante sus viajes, Gustave Flaubert pasó toda su vida en su propiedad de Croisset, entregado a su labor de escritor. Entre 1847 y 1856 mantuvo una relación inestable pero apasionada con la poetisa Louise Colet, aunque su gran amor fue sin duda Elisa Schlésinger, quien le inspiró el personaje de Marie Arnoux de La educación sentimental y que nunca llegó a ser su amante.
La obra de Gustave Flaubert
Los viajes desempeñaron un papel importante en su aprendizaje como novelista, dado el valor que concedía a la observación de la realidad. Flaubert no dejaba nada en sus obras a merced de la pura inspiración, antes bien, trabajaba con empeño y precisión el estilo de su prosa, desterrando cualquier lirismo, y movilizaba una energía extraordinaria en la concepción de sus obras, en las que no deseaba nada que no fuera real; ahora bien, esa realidad debía tener la belleza de la irrealidad, de modo que tampoco le interesaba dejar traslucir en su escritura la experiencia personal que la alimentaba, ni se permitía verter opiniones propias.
Su voluntad púdica y firme de permanecer oculto en el texto, de estar («como Dios») en todas partes y en ninguna, explica el esfuerzo enorme de preparación que le supuso cada una de sus obras (no consideró publicable La tentación de San Antonio hasta haberla reescrito tres veces), en las que nada se enunciaba sin estar previamente controlado. Las profundas investigaciones eruditas que llevó a cabo para escribir su novela Salambó, por ejemplo, tuvieron que ser completadas con otro viaje al norte de África.

Fotograma de Madame Bovary (1949), de Vincente Minnelli
Su primera gran novela publicada, y para muchos su obra maestra, es Madame Bovary (1856), cuya protagonista, una mujer mal casada que es víctima de sus propios sueños románticos, representa, a pesar de su propia mediocridad, toda la frustración que, según Flaubert, había producido el siglo XIX, siglo que él odiaba por identificarlo con la mezquindad y la estupidez que a su juicio caracterizaba a la burguesía.
De esa misma sátira de su tiempo participa toda su producción, incluido un brillante, aunque inacabado, Diccionario de los lugares comunes. La publicación de Madame Bovary, que supuso su rápida consagración literaria, le creó también serios problemas. Atacado por los moralistas, que condenaban el trato que daba al tema del adulterio, fue incluso sometido a juicio, lo cual lo decidió a emprender un proyecto fantasioso y barroco, lo más alejado posible de su realidad: Salambó (1862), que relataba el amor imposible entre una princesa y un mercenario bárbaro en la antigua Cartago.
Su siguiente gran obra, La educación sentimental (1869), fue, en cambio, la más cercana a su propia experiencia, pues se proponía describir las esperanzas y decepciones de la generación de la revolución de 1848. Su última gran obra, Bouvard y Pécuchet, que quedaría inconclusa a su muerte, es una sátira a la vez terrible y tierna del ideal de conocimiento de la Ilustración.
La abundancia de los trabajos que posteriormente se han dedicado a Gustave Flaubert, y en particular a su estilo, confirma el papel central que desempeñaría en la evolución del género novelístico hasta la mitad del siglo XX. Más visible sería aún su influencia más inmediata: el tema de la insatisfacción vital (bovarismo) que aboca al adulterio se convertiría en recurrente dentro del realismo, y sería abordado desde diferentes perspectivas por figuras de la talla de León Tolstói (Ana Karenina, 1877) o Leopoldo Alas «Clarín» (La Regenta, 1885).

Stendhal

(Marie Henri Beyle; Grenoble, Francia, 1783-París, 1842) Novelista francés. Huérfano de madre desde 1789, se crió entre su padre y su tía. Rechazó las virtudes monárquicas y religiosas que le inculcaron y expresó pronto la voluntad de huir de su ciudad natal. Abiertamente republicano, acogió con entusiasmo la ejecución del rey y celebró incluso el breve arresto de su padre. A partir de 1796 fue alumno de la Escuela central de Grenoble y en 1799 logró el primer premio de matemáticas. Viajó a París para ingresar en la Escuela Politécnica, pero enfermó y no se pudo presentar a la prueba de acceso.

Stendhal
Gracias a Pierre Daru, un pariente lejano que se convertiría en su protector, entró a trabajar en el ministerio de Guerra. Enviado por el ejército como ayudante del general Michaud, en 1800 descubrió Italia, país que tomó como su patria de elección. Desengañado por la vida militar, abandonó el ejército en 1801. Entre los salones y teatros parisienses, siempre enamorado de una mujer diferente, empezó (sin éxito) a cultivar ambiciones literarias.
En precaria situación económica, Daru le consiguió un nuevo puesto como intendente militar en Brunswick, destino en que permaneció entre 1806 y 1808. Admirador incondicional de Napoleón, ejerció diversos cargos oficiales y participó en las campañas imperiales. En 1814, a la caída del corso, se exilió en Italia, fijó su residencia en Milán y efectuó varios viajes por la península italiana.
Publicó sus primeros libros de crítica de arte bajo el seudónimo de L. A. C. Bombet, y en 1817 apareció Roma, Nápoles y Florencia, un ensayo más original, donde mezcla la crítica con recuerdos personales, en el que utilizó por primera vez el seudónimo de Stendhal. El gobierno austriaco le acusó de apoyar el movimiento independentista italiano, por lo que abandonó Milán en 1821, pasó por Londres y se instaló de nuevo en París, cuando terminó la persecución de los partidarios de Napoleón.
Dandy afamado, frecuentaba los salones de manera asidua, mientras sobrevivía con los ingresos que le procuraban sus colaboraciones en algunas revistas literarias inglesas. En 1822 publicó Sobre el amor, ensayo basado en buena parte en sus propias experiencias y en el que expresaba ideas bastante avanzadas; destaca su teoría de la «cristalización», proceso por el que el espíritu, adaptando la realidad a sus deseos, cubre de perfecciones el objeto del deseo.
Asentó su renombre de escritor gracias a la Vida de Rossini y las dos partes de su Racine y Shakespeare, auténtico manifiesto del romanticismo. Después de una relación sentimental con la actriz Clémentine Curial, que duró hasta 1826, emprendió nuevos viajes al Reino Unido e Italia y redactó su primera novela, Armancia. En 1828, sin dinero ni éxito literario, solicitó un puesto en la Biblioteca Real, que no le fue concedido; hundido en una pésima situación económica, la muerte del conde Daru, al año siguiente, le afectó particularmente. Superó este período difícil gracias a los cargos de cónsul que obtuvo primero en Trieste y más tarde en Civitavecchia, mientras se entregaba sin reservas a la literatura.
En 1830 apareció su primera obra maestra: Rojo y negro, una crónica analítica de la sociedad francesa en la Restauración, en la que Stendhal representó las ambiciones de su época y las contradicciones de la emergente sociedad de clases, destacando sobre todo el análisis psicológico de los personajes y el estilo directo y objetivo de la narración.
En 1839 publicó La cartuja de Parma, mucho más novelesca que Rojo y negro, que escribió en tan sólo dos meses y que por su espontaneidad constituye una confesión poética extraordinariamente sincera, aunque sólo recibió el elogio de Balzac. Ambas son novelas de aprendizaje, y participan de rasgos románticos y realistas; en ellas aparece un nuevo tipo de héroe, típicamente moderno, caracterizado por su aislamiento de la sociedad y su enfrentamiento con sus convenciones e ideales, en el que muy posiblemente se refleja en parte la personalidad del propio Stendhal. Falleció de un ataque de apoplejía, sin concluir su última obra, Lamiel, que fue publicada mucho después de su óbito.

Honoré de Balzac

(Honoré u Honorato de Balzac; Tours, Francia, 1799 - París, 1850) Escritor francés. Junto con Stendhal y Gustave Flaubert, es el principal representante de la novela realista en su país y una de las grandes figuras del realismo europeo. En 1814 se trasladó con su familia a París, donde estudió derecho y empezó a trabajar en un bufete, pero su afición a la literatura le movió a abandonar su carrera y a escribir el drama Cromwell (1820), que fue un rotundo fracaso.

Honoré de Balzac
Sin embargo, el apoyo de Madame de Berny, mujer casada y bastante mayor que él, le permitió seguir publicando novelas históricas y melodramáticas bajo seudónimo, que no le reportaron beneficio alguno. Emprendió varios negocios, que acabaron en fracaso y le cargaron de deudas, que, sumadas a las derivadas de su afición al coleccionismo de arte y su tendencia al derroche, lo pusieron en una difícil situación.
Afortunadamente, con El último chuan (1829), la primera novela que publicó con su apellido, obtuvo un gran éxito. A partir de entonces inició una febril actividad, escribiendo entre otras novelas La fisiología del matrimonio (1829) y La piel de zapa (1831), con las que empezó a consolidar su prestigio. La amistad con la duquesa de Abrantes le abrió las puertas de los salones literarios y de la alta sociedad.
En 1834, tras la publicación de La búsqueda de lo absoluto, Honoré de Balzac concibió la idea de configurar una sociedad ficticia haciendo aparecer los mismos personajes en distintos relatos, lo que empezó a dar a su obra un sentido unitario. Por entonces inició su intercambio epistolar con la condesa polaca Eveline Hanska, con quien mantuvo una intensa relación, aunque sus encuentros fueron breves hasta la muerte del marido de ella (1843). En 1847, poco antes de morir, se casó con Eveline, pero entretanto mantuvo relaciones con sus otras amantes.
En los últimos años de su vida fue presidente de la Société des Gens de Lettres (desde 1839) e intervino en numerosos asuntos públicos como director de la Revue Parisienne, al tiempo que sufría el acoso de sus acreedores. En 1841 se inició la publicación de sus voluminosas obras completas bajo el título de La comedia humana, aunque de las 137 novelas que debían integrarla, cincuenta quedaron incompletas.
Balzac es considerado a menudo como el fundador de la novela moderna, y su preocupación por el realismo y el detallismo descriptivo se halla en la base de la posterior novela francesa, aunque su realismo convive siempre con elementos románticos y con trazos del Balzac «visionario», tal como lo definió Baudelaire.