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miércoles, 3 de junio de 2020

Gianluigi Buffon

(Carrara, 1978) Futbolista italiano, considerado casi por unanimidad el mejor guardameta de su época y uno de los mejores de la historia. Gianluigi Buffon, Gigi para sus íntimos, nació en el seno de una familia con grandes inquietudes artísticas y muy aficionada a todo tipo de deportes. Su padre, Adriano Buffon, se dedicó al atletismo y fue campeón júnior de Italia en lanzamiento de peso; su madre, Maria Stella, fue cantante de cierto reconocimiento en las décadas de 1970 y 1980; su tío materno, Angelo Masocco, se dedicó al baloncesto profesional, y sus dos hermanas, Guendalina y Veronica, jugaron bastantes años al voleibol como profesionales.
Buffon empezó a jugar a fútbol en el colegio, sin posición fija, hasta que sus compañeros, dada su estatura (llegaría a medir 1,90 m), le rogaron que cubriera la portería en un partido de final de curso. Desde entonces se consideró a sí mismo portero y sólo portero. De inmediato, un ojeador del Parma se fijó en sus cualidades y lo fichó para las categorías inferiores del equipo parmesano.

Gianluigi Buffon
Sin haber debutado en el primer equipo, su nombre ya se hizo un hueco en los medios de comunicación en 1993, al conseguir con Italia el título del Campeonato de Europa sub 16, disputado en Turquía, en el que fue elegido mejor portero del torneo. Por aquella época su ídolo era el camerunés del R.C.D. Espanyol de Barcelona Tommy N'Kono, aunque en su infancia admiró también al español José Ángel Iribar, del Athletic Club de Bilbao.
Tras adjudicarse la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo de Bari ’95, debutó en la primera división italiana, ante el Milan AC, un ya lejano 19 de noviembre de 1995, y deslumbró. Al año siguiente se proclamó campeón de Europa sub 21 y el 29 de octubre de 1997 debutaría con la selección, ante Rusia. Clausurada la Copa del Mundo de Alemania 2006, se había enfundado la camiseta internacional en 64 partidos.
A pesar de sus excelentes estadísticas, seguiría en el Parma hasta finalizar la temporada 2000-2001, habiendo jugado un total de 168 partidos oficiales desde 1995. Con su equipo de juventud ganó dos Copas de la UEFA consecutivas, en 1998 y 1999, tras haber conquistado la Copa de Italia en esos dos mismos años. Además, con el Parma, ganó la Supercopa italiana en 1999.
En el verano de 2001 dio el gran salto: la Juventus de Turín, del magnate Giovanni Agnelli, lo fichó por la desorbitada cifra (para un portero y en un tiempo de vacas flacas) de 40 millones de dólares. En aquel verano se lo disputaron varios equipos europeos de elite, entre ellos dos españoles, el Real Madrid Club de Fútbol y, sobre todo, el Futbol Club Barcelona, que llegó a ofrecer por el flemático Buffon 5.000 millones de las antiguas pesetas (unos 30 millones de euros). Aquel traspaso era aún en 2006 un récord absoluto en el fichaje de un cancerbero.
En la Juventus se convirtió en el jugador de referencia, en un portero que, gracias a sus reflejos y a su singular colocación bajos los palos, optimizados por el famoso catenaccio del fútbol italiano, encajaba muy pocos goles. Con él en la portería, la Juventus se adjudicaría ya de entrada la Liga 2001-2002, a la que seguirían otras tres consecutivas, aunque fue desposeída del título 2005-2206 a raíz del “caso Moggigate”, una trama de compra de árbitros y de jugadores en la que también se vio implicado, entre otros, el gran rival de la Juve, el Milan AC, que sin embargo mantuvo la categoría, aunque empezaría la liga con 17 puntos menos. Tras el descenso a la categoría inferior, la Juventus se desprendió de casi todas sus estrellas, llenando sus arcas para cuando regresara a la División A. Pero retuvo a Buffon como garantía para el previsible ascenso.
En 2003 Buffon había ganado ya un galardón que en cierta manera daba carácter oficial a su condición de mejor cancerbero del mundo, según la consideración de críticos y aficionados: al término de aquella temporada, la Federación Internacional de Fútbol y Estadísticas (IFFHS, en sus siglas inglesas) le otorgó el trofeo que lo acreditaba como el mejor portero del mundo. En una votación en la que participaron 85 países que representaban a los cinco continentes, el italiano recibió 186 puntos, a enorme distancia de sus dos inmediatos seguidores: el español Iker Casillas (112) y el alemán Oliver Kahn (108). Buffon se convertía así en el segundo guardameta que conseguía el prestigioso galardón, tras el legendario guardameta Walter Zenga, quien lo obtuvo tres años consecutivos, 1989-1991, en las tres primeras temporadas de vigencia del trofeo.
Bufón ha disputado tres Copas del Mundo consecutivas: Francia (1998), en el que apenas jugó; Japón/Corea (2002) -donde Italia fue derrotada con polémica en octavos de final por el anfitrión República de Corea-, y el de Alemania (2006), en que saboreó el triunfo, tanto en al aspecto personal como con la victoria de su selección en la tanda de penaltis frente al otro finalista, Francia. De Buffon (que, a pesar de su enorme estatura es, con sus 83 kg de peso, un portero de mucha agilidad, excelente en el uno contra uno y con gran sentido de la anticipación) hay que destacar también sus subidas al remate y su facilidad para convertir en gol el lanzamiento de penaltis y de alguna falta en las proximidades del área contraria.
En la Copa del Mundo de Alemania (2006), Italia fue de menos a más. Demostró sus aspiraciones al título en un soberbio partido ante el anfitrión, Alemania, que nada pudo hacer ante el juego desarrollado por los azzurri y, sobre todo, ante la espléndida actuación de Buffon. El cancerbero realizó varias paradas de mérito que después lo avalaron para ser distinguido con el premio Lev Yashin al mejor portero del Mundial, galardón sustentado, además, en el tiempo en que mantuvo su portería a cero; 470 minutos, 60 menos del récord que ostentaba su compatriota Zenga, que se mantuvo imbatido durante 517 minutos en la Copa del Mundo de Italia ’90.
Sus predecesores en el premio Lev Yashin (galardón instituido en 1994) son el belga Michel Preud’homme, el francés Fabien Barthez y el alemán Oliver Khan, ganadores en 1994, 1998 y 2002, respectivamente, si bien el teutón, en la Copa del Mundo de 2002, se adjudicó además (con polémica incluida) el trofeo al mejor jugador del Mundial, galardón que jamás se había otorgado a un portero.
En el terreno de juego y en sus prendas deportivas, Buffon no utiliza el nombre, Gianluigi, sino sólo el apellido, que adoptó como norma sin excepciones cuando se pasó al terreno profesional. Es una gran aficionado a las películas de ficción, sobre todo de los héroes americanos como Superman, personaje del que posee, además, una gran colección de cómics. De carácter más bien retraído, es muy aficionado a los juegos de azar. Cuando declaró ante el juez por el “caso Moggigate”, se confesó ludópata incurable. Su pasión son los platos típicos de la pasta italiana al modo de Parma, aunque su queso predilecto es la mozzarella.
En 2006, con veintisiete años, edad ideal para un portero, no se veía jugando al fútbol hasta los cuarenta (como hizo otro portero al que admiraba, su compatriota Dino Zoff), sino que se preparaba ya para ser entrenador, título que le permitiría seguir ligado al fútbol hasta su jubilación dorada. Sin embargo, sus allegados aventuraban que, a pesar del enorme caudal que suponen sus ingresos como el portero mejor pagado del mundo, jamás llegaría a disfrutar de una posición económica estable si no lograba superar su adicción al juego, en el que apostaba cantidades dignas de un jeque del petróleo.

Fernando Hierro

(Fernando Ruiz Hierro; Vélez-Málaga, Málaga, 1968) Futbolista español, líbero del Real Madrid y de la selección española, cuya camiseta se enfundó en 89 ocasiones hasta su renuncia en pleno Mundial de Corea. Es uno de los pocos futbolistas que ha disputado cuatro Campeonatos del Mundo (Italia ’90, Estados Unidos ’94, Francia ’98 y Corea-Japón 2002).

Fernando Hierro
Nació en una familia humilde de tradición futbolística con cuatro hijos: Antonio, Manolo, Fernando y Remedios, hijos de Manuel Ruiz y Remedios Hierro. El padre de familia jugó en el Vélez-Málaga, al igual que lo había hecho su hermano Pepe. Fernando, que mide 1,87 metros y en su mejor estado de forma pesa 84 kilos, ha sido conocido siempre en el mundo del fútbol por su segundo apellido, porque en su población natal la gente conoce a la familia Ruiz Hierro por el apellido materno, ya que en la comarca malagueña de la Ajarquía es muy común el apellido Ruiz.
Defensa con alma de delantero
En su adolescencia, Fernando trabajó en un taller de reparación de automóviles. Había empezado a practicar el fútbol en las categorías inferiores del club de su pueblo, y al llegar a la edad juvenil, el técnico de fútbol base del Málaga, C. F. rehusó hacerse con los servicios de aquel jovencito espigado y de apariencia endeble. Entonces, su hermano Manolo le recomendó al Real Valladolid, que le inscribió en su equipo de promesas, en el que jugó de centrocampista, posición en la que destacaría también en el Real Madrid, sobre todo durante la temporada en que el equipo estuvo dirigido por el técnico Radomir Antic: Hierro marcó 21 goles en 37 partidos.
De la mano de Vicente Cantatore, debutó en Primera División el 4 de octubre de 1987 en un Valladolid-R. C. D. Espanyol. A partir de aquel debú siempre fue titular, y marcó su primer gol en la máxima categoría el 27 de marzo de 1988, en un partido en el estadio Zorrilla frente al Mallorca. Tras dos temporadas en el equipo pucelano, con el que disputó 57 partidos (al principio de interior derecho y más tarde de central), en 1989 pasó al Real Madrid, que se lo había disputado con el entonces emergente presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil, con el que Hierro llegó a entablar conversaciones.

Celebrando el triunfo junto a Raúl
Dicen las malas lenguas que el F. C. Barcelona también lo seguía de cerca, pero que se equivocó y fichó a otro Hierro del equipo castellano, que, según las referencias de los ojeadores azulgranas, «tenía un futuro prometedor». No era otro que un hermano mayor de Fernando, el mencionado Manolo, una de las figuras del Valladolid, en el que también estuvo a punto de militar el hijo primogénito de los Ruiz Hierro, Antonio, que, sin embargo, jugó en el Málaga.
El entonces vicepresidente del Barça, Joan Gaspart, aseguró que habían ofrecido por Fernando la descomunal cifra de 150 millones de pesetas, que fue la que pagó el Real Madrid por hacerse con sus servicios, más 50 millones de indemnización al equipo pucelano para que Hierro no jugara la Supercopa de aquel año con el que aún era su equipo, el cual, por haber sido subcampeón de la Copa, debía disputarla contra el Real Madrid, que aquella temporada consiguió el llamado «doblete».
Puntal de su equipo y de la selección
En el equipo capitalino coincidió con excelentes jugadores como Sanchís, con el que formó en el centro de la defensa, Gordillo, Schuster, Hugo SánchezEmilio Butragueño, Michel... y con la dirección técnica de John Benjamin Toshack. Batieron récords, uno de ellos histórico: 107 goles (7 de Hierro) en una Liga que fue para el Real Madrid.
El 20 de septiembre de aquel año de 1989, tras haber disputado seis partidos con la selección sub-21, debutó con la selección absoluta de la mano de Luis Suárez, en un España-Polonia, con resultado de 1-0. El resto de la historia de Hierro con el Real Madrid y con la selección española es harto conocida y se resume en estadísticas que confirman que es uno de los mejores defensas que ha dado el fútbol español e incluso el mundial. No en vano Hierro ha formado parte en dos ocasiones del once ideal del mundo. Uno de sus mejores recuerdos con el combinado nacional data del 17 de noviembre de 1993, cuando en el minuto 63 marcó un gol ante Dinamarca a la salida de un córner que clasificó a España para disputar el Mundial de Estados Unidos.

En un entrenamiento con el Real Madrid
El 24 de marzo de 2001 alcanzó y rebasó la cifra de cien goles con la camiseta del Real Madrid, equipo con el que superaba, además, la cifra de 400 partidos en Primera División. De los 89 partidos jugados con la selección, ha ganado 52 y empatado 27, y ha sido titular en 89 ocasiones. Con su equipo, el Real Madrid, ha conseguido cuatro títulos de Liga (1989-1990, 1994-1995, 1996-1997, 2000-2001), una Copa del Rey (1993), cuatro Supercopas de España (1990, 1993, 1997, 2001), dos Copas Intercontinentales (1998 y 2002) y tres Copas de Europa, denominadas ya Champions League (1998, 2000 y 2002). Además de esos títulos mayores, en su palmarés figuran numerosos torneos, entre los que destacan un Trofeo Teresa Herrera, siete Santiago Bernabéu y un Trofeo Colombino.
Renuncia a jugar con la selección
El juego de Fernando Hierro se ha caracterizado por un estilo sobrio, fundado en la seguridad, la potencia y una gran colocación. Sabe sacar el balón controlado desde la zaga. Es un gran cabeceador y lanzador de penaltis y de libres directos.
En familia, según su esposa Sonia, es un hombre afable («como ser humano es admirable», asegura), divertido y muy responsable. En su casa puede dar rienda suelta a su afición por la música andaluza (flamenco, que baila también con estilo depurado), por las películas de acción y por la preparación de platos de cocina mediterránea. El otro deporte por el que siente gran afición es el baloncesto, que ha practicado esporádicamente.
Pocas horas antes de jugar los cuartos de final contra Corea en el Mundial de 2002, anunció públicamente que al acabar el campeonato renunciaría a formar parte de la selección nacional, de la que Andoni Zubizarreta le legó el brazalete de capitán en 1998. Dejaba el testigo a su delfín y amigo Raúl, el único jugador con un perfil idóneo para suplir adecuadamente a su maestro, aunque las dotes de liderazgo que ha ostentado Hierro son únicas, según sus admiradores: «Se trata de un jugador insustituible» (Radomir Antic); «Juega con la derecha, la izquierda, destruye, construye juego, marca goles...» (Vicente del Bosque); «Ha sido el mejor central y líbero español de la historia» (Vicente Cantatore). En mayo de 2005 anunció su retirada definitiva del fútbol profesional. Concluido su contrato con el Real Madrid en la temporada 2002-03, había seguido jugando todavía en el Al Rayyan de Qatar (2003-04) y en el Bolton Wanderers inglés (2004-05).

Iker Casillas

(Iker Casillas Fernández; Móstoles, 1981) Guardameta del Real Madrid Club de Fútbol y titular de la selección española, considerado uno de los mejores porteros de Europa. Sus padres vivían en Bilbao, pero la madre, María del Carmen Fernández González, a la sazón profesora de peluquería, quiso dar a luz en Madrid, a lo que no opuso resistencia su marido, José Luis Casillas. Se afincaron en Móstoles, población que Iker adora. Medio en broma medio en serio, en una conferencia de prensa proclamó: “Yo también soy galáctico porque nací en Móstoles”. Empezó a jugar en el colegio, hasta que a los diez años los ojeadores del Real Madrid Club de Fútbol se lo llevaron a las categorías inferiores del equipo capitalino porque, incluido en el equipo Losada, había tenido una actuación destacada en el Torneo Social que el club organiza anualmente.

Iker Casillas
Pronto demostró que podía ser un portero especial: rápido, potente de piernas y con unos reflejos singulares. Tal fue la confianza que depositaron en él, que a los dieciséis años, cuando jugaba en el juvenil y se había proclamado campeón de Europa Sub 16 al detener un penalti ante Austria, fue convocado por primera vez para el primer equipo, en la temporada 1997-1998, porque los dos primeros porteros estaban lesionados. Aun así no pudo debutar porque debía jugar el tercer guardameta, Santiago Cañizares. En 1996 había debutado ya con la selección Sub 15.
Pero su debut con los mayores no se hizo esperar, y el 12 de septiembre de 1999 disputó un partido de Liga contra el Athletic Club de Bilbao. Era un chaval al que Fernando Hierro, el capitán, protegió con cariño, hasta el punto de que en los primeros partidos se encargó de efectuar los saques de puerta. En esa misma temporada ya se hizo un nombre y su proyección trascendió fuera de España al serle concedido el Trofeo Bravo como la mejor promesa del año. En aquellos tiempos, su ídolo por excelencia era el italiano Gianluigi Buffon, que también debutó muy joven con los profesionales.
Sin embargo, aunque entrenaba con los mayores y jugaba algún partido, tenía ficha del Real Madrid C, de Tercera División, y en la temporada 1999-2000 jugó mayormente en el Real Madrid B, de Segunda División, si bien el entrenador de la época, el holandés Guus Hiddink, lo convocó con mayor frecuencia para formar parte de las expediciones del primer equipo. Incluso había formado parte del conjunto que jugó la Liga de Campeones ante el Rosenborg el 27 de noviembre de 1997.
Su aureola de joven portero muy difícil de batir trascendió en el Mundial Sub 20 celebrado en Nigeria en 1999, pues ante Ghana también detuvo un penalti que le valió a la selección española el pase a semifinales. A partir de entonces, todos los jueves y viernes entrenaba con el primer equipo y en 1999-2000 se convirtió en el portero más joven en disputar y ganar la Liga de Campeones. Acudía al estadio Santiago Bernabéu en autobús porque aún no tenía el carnet de conducir.
En la temporada 2000-2001 ya fue casi el titular indiscutible y ganó el primer título de Liga. Al año siguiente, con una actuación decisiva en la final, se proclamó campeón de la Supercopa de España. En esa temporada sufrió un disgusto que finalmente tendría un final feliz. El ídolo de su infancia, el alemán Oliver Kahn, a la sazón considerado el mejor portero del mundo, se negó a regalarle la camiseta al término de un partido de la Liga de Campeones ante el Bayern. El feo gesto de rechazo dio la vuelta al mundo por medio de la televisión y Casillas declaró: “Khan es un prepotente”. Pocos días después, el huraño portero alemán rectificó y no sólo le envió la camiseta, sino que le invitó a pasar un día con él en Munich.
Sus paradas eran cada vez más espectaculares, con actuaciones que han quedado grabadas en la retina de los aficionados. Por ejemplo, su portentosa regularidad en un partido ante la Real Sociedad fue calificada con cuatro ases, cuando lo habitual para destacar a un jugador son tres. Pero el diario As quiso hacer esta excepción sin que sirviera de precedente. También figura en los anales del fútbol su actuación en la final de la Liga de Campeones de 2000: salió en la segunda parte y realizó paradas de extrema dificultad que permitieron al Real Madrid levantar otro trofeo de la máxima competición europea de clubes.
Debutó con la selección absoluta el 3 de junio de 2000, en un partido amistoso ante el Göteborg, en Suecia. El partido terminó en empate a uno. Dos años después, tras lesionarse Cañizares al caerle una botella de colonia en el pie, se convirtió ya en el titular indiscutible. Incluso luce el brazalete de capitán, en ausencia de su compañero Raúl. Con la selección ha protagonizado también actuaciones sobresalientes, como cuando en el Mundial de Corea y Japón de 2002 paró tres penaltis ante Irlanda en octavos de Final. Hasta finales de julio de 2007 había jugado 42 partidos internacionales, pero le quedaba aún mucha cuerda porque un portero puede estar en óptima forma hasta bien pasados los treinta años.
A finales de la temporada 2006-2007 ya tenía un palmarés repleto: campeón de tres Ligas (2000-2001, 2002-2003 y 2006-2007); dos títulos de la Supercopa de España (2001 y 2003); dos Ligas de Campeones (1999-2000 y 2001-2002); una Supercopa de Europa (2000); una Copa Intercontinental (2002); campeón de Europa Sub 16 (1997) y del Mundo Sub 20 (1999); una Meridian Cup Sub 17 (1999) y un Trofeo Bravo al mejor futbolista europeo menor de veinte años (1999-2000).
En su palmarés hay una gran laguna: jamás ha ganado el trofeo Zamora (así llamado en memoria del gran guardameta español Ricardo Zamora) al portero menos goleado de la Liga. Y es que su equipo no ha brillado por una defensa sólida en los últimos años. Por ejemplo, en la temporada 2006-2007, aun siendo campeón de Liga, jugó los 38 partidos pero encajó 40 goles.
Para Fabio Capello, el entrenador que sería destituido al término de esa temporada, Casillas no fue santo de su devoción. Hasta tal punto que estaba decidido a sentarlo en el banquillo, a favor del suplente Diego López. La presión de la prensa, la directiva y los aficionados impidió que tomara esa medida tan impopular. Con la marcha de López al Villarreal, el Real Madrid fichó al portero polaco del Liverpool Jerzy Dudek, para que Casillas no se durmiera en los laureles. A Capello le contestó sin nombrarlo: “Ya he dicho cien veces que soy el primero que sé cuando fallo. Me importa un bledo lo que se diga porque yo estoy contento con mi trayectoria”.
En el fútbol suelen ser más apreciados los delanteros goleadores que los guardametas. Pero en los equipos de elite, el portero debe tener la máxima concentración porque le llegan pocos balones. De ahí que dos o tres paradas que entrañan dificultades sean valoradas como merecen por los aficionados. Iker Casillas es la excepción a la primera regla mencionada, pues hasta los rivales están de acuerdo en que es un portero excepcional que se ha convertido en un icono del Real Madrid junto a Raúl González y por encima de los goleadores.
Hombre tranquilo y bromista, Casillas jamás critica a los compañeros de los equipos rivales. Hasta le gusta actuar. Hizo una breve aparición en la película Torrente 3: El protector (2005), de Santiago Segura. Apareció también como invitado en el programa Splunge, de la primera cadena de Televisión Española, y ha protagonizado varios anuncios publicitarios. Casillas es soltero, pero asegura que un día le llegará la hora. De momento, cuando llega a su casa, nadie le molesta para pasarse horas jugando partidos en la Play Station. “Me sorprende verme en pantalla. Me hace mucha ilusión, pues años atrás era yo quien confeccionaba los equipos y mi nombre no salía.” Como es un joven de barrio consciente de las necesidades del entorno, se dedica a trabajos sociales contra la drogadicción. Al respecto, en 2001, la Fundación de Ayuda contra las Drogas le otorgó el premio al “Buen deportista del año”.

martes, 2 de junio de 2020

Franz Kafka


MUERE FRANK KAFKA

Franz Kafka fue un escritor judío checo, cuya simbólica narrativa, escrita en alemán, anticipó la opresión del siglo XX. Nació el 3 de julio de 1883 y falleció el 3 junio de 1924 a causa de una severa tuberculosis. Es considerado como una de las figuras más significativas de la literatura moderna, y los temas de sus obras son la soledad, la frustración y la angustiosa sensación de culpabilidad que experimenta el individuo, al verse amenazado por unas fuerzas desconocidas que no alcanza a comprender y se hallan fuera de su control. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran: Metamorfosis (1915), El Proceso (1925), El Castillo (1926), y América (1927). La fuerza de su obra ha sido tan importante que el término kafkiano se aplica a situaciones sociales angustiosas o grotescas, o a su tratamiento en la literatura.

(Praga, 1883 - Kierling, Austria, 1924) Escritor checo en lengua alemana cuya obra señala el inicio de la profunda renovación que experimentaría la novela europea en las primeras décadas del siglo XX. Franz Kafka dejó definitivamente atrás el realismo decimonónico al convertir sus narraciones en parábolas de turbadora e inagotable riqueza simbólica: protagonizadas por antihéroes extraviados en un mundo incomprensible, sus novelas reflejan una realidad en apariencia reconocible y cotidiana, pero sometida a inquietantes mutaciones que sumergen al lector en una opresiva y asfixiante pesadilla, plasmación de las angustias e incertidumbres que embargan al hombre contemporáneo.

Franz Kafka
Biografía
Nacido en el seno de una familia de comerciantes judíos, Franz Kafka se formó en un ambiente cultural alemán. Su padre, Hermann Kafka, había obtenido una cómoda posición con un matrimonio ventajoso y pudo costear una buena formación para el primogénito en uno de los colegios alemanes de Praga. Concluido el bachillerato (1901), el cabeza de familia lo obligó a cursar estudios de leyes, materia por la que nunca sintió el menor interés, y se doctoró en derecho en 1906.
Los años universitarios le dejaron tiempo para cultivar sus aficiones filosóficas y literarias; leyó a numerosos autores y conoció al futuro escritor y crítico literario Max Brod, con quien trabó una íntima amistad destinada a perdurar toda una vida. La personalidad enérgica y activa de Brod, totalmente opuesta a la del temeroso e introvertido Kafka, mitigó su soledad y su marcada tendencia al aislamiento.
Finalizados sus estudios, trabajó en diversos bufetes de abogados y, desde 1908, en una compañía de seguros de Praga. Allí desempeño sus tareas con eficiencia y puntualidad, llegando a merecer un ascenso; sin embargo, carecía por completo de ambición profesional. El aburrido empleo (que no abandonaría definitivamente hasta 1920, a causa de su deteriorada salud) le ocupaba solamente las mañanas y podía dedicar las tardes y las noches a la literatura, su verdadera pasión.

Kafka en 1906
En 1911 conoció a Yitzchak Lowy, actor de teatro yiddish; pronto empezó a interesarse por la mística y la religión judías, que ejercieron sobre él una notable influencia y favorecieron su adhesión al sionismo. Su proyecto de emigrar a Palestina se vio frustrado en 1917 al padecer los primeros síntomas de tuberculosis, que sería la causante de su muerte. El diagnóstico decidió a Kafka a romper definitivamente su compromiso matrimonial con Felice Bauer, a la que había conocido en 1912 a través de Max Brod. Durante los cinco años que duró, la relación con Felice había sido repetidamente abandonada y retomada debido a las interminables vacilaciones de Kafka.
La enfermedad obligó a Kafka a pasar largas temporadas en diversos sanatorios, primero en los Alpes italianos y finalmente en Kierling, cerca de Viena. En uno de ellos se enamoró de la joven checa Julie Wohryzek, pero la radical oposición del padre de Kafka imposibilitó el matrimonio. Este episodio originó el más revelador documento de aquella conflictiva relación paternofilial: la célebre Carta al padre que Kafka escribió en 1919. Publicada póstumamente, nunca llegó a ser enviada a su destinatario.
En 1920, el encuentro con la traductora y periodista checa Milena Jesenská se transformó en una relación profunda, testimoniada en las Cartas a Milena, que verían la luz en 1952. Pero ni Kafka ni la propia Milena, casada con otro hombre, tuvieron el aliento necesario para romper el matrimonio, y a partir de 1921 comenzaron a distanciarse. Se estableció entonces en una casa de campo adquirida por su hermana, en la que escribió El castillo. En 1923, con la enfermedad ya muy avanzada, conoció a la jovencísima y vital Dora Diamant, el gran amor que había anhelado siempre, y que le devolvió brevemente la esperanza. Pero en abril del año siguiente sus dolencias se agravaron; en compañía de Dora Diamant, de su amigo Max Brod y de su tío Siegfried, falleció el 3 de junio de 1924 en el sanatorio de Kierling.
La obra de Kafka
A pesar de la enfermedad, de la hostilidad manifiesta de su familia hacia su vocación literaria, de sus cinco tentativas matrimoniales frustradas y de su empleo de burócrata en una compañía de seguros de Praga, Franz Kafka se dedicó intensamente a la literatura. Su obra, que nos ha llegado en contra de su voluntad expresa (ordenó a su íntimo amigo y consejero literario Max Brod que quemara todos sus manuscritos tras su muerte), constituye una de las cumbres de la literatura alemana y se cuenta entre las más influyentes e innovadoras del siglo XX.
En la línea de la Escuela de Praga, de la que es el miembro más destacado, la escritura de Kafka se caracteriza por una marcada vocación metafísica y una síntesis de absurdo, ironía y lucidez. Ese mundo de sueños, que describe paradójicamente con un realismo minucioso, ya se halla presente en su primera novela corta, Descripción de una lucha, que empieza con una lección de danza en Praga, traslada muy pronto al héroe al Japón y le sitúa en el centro de salvajes aventuras espirituales; fragmentos de este relato fueron publicados en 1909 en la revista Hyperion, dirigida por Franz Blei.

Con Felice Bauer
En 1913, el editor Rowohlt accedió a publicar su primer libro, Meditaciones, pequeños fragmentos en prosa de una inquietud espiritual penetrante y un estilo profundamente innovador, a la vez lírico, dramático y melodioso. Los textos eran en realidad extractos de su diario personal: a instancias de su amigo Max Brod, Kafka seleccionó una serie de pasajes del Diario que había iniciado en 1910 y que continuaría, casi sin interrupciones, hasta el mismo año de su muerte. El libro pasó desapercibido; los siguientes tampoco obtendrían ningún éxito, fuera de un círculo íntimo de amigos y admiradores incondicionales.
El estallido de la Primera Guerra Mundial y el final del noviazgo con Felice Bauer señalaron el inicio de una etapa creativa prolífica en la que redactó las obras más características de su producción. Su legado, que plantea numerosas dificultades de interpretación, se caracteriza en cambio por una extrema y deliberada claridad estilística, como se observa en la más conocida de sus narraciones, La metamorfosis (1915). Su protagonista es un mediocre viajante de comercio, Gregorio Samsa; un mañana, al despertarse, Samsa descubre que se ha transformado en un enorme insecto, lo que es narrado con normalidad pese a la monstruosidad de la situación. Este doble juego será una constante en la creación del autor, y en él reside en buena medida su singularidad y eficacia.

Primera edición de La metamorfosis
Casi contemporáneo al anterior y escrito en una sola noche es el relato de un conflicto paternofilial: La condena (1913), en el que un padre viejo y aparentemente enfermo recobra de repente su vitalidad y autoridad opresiva para maldecir a su hijo, que tan sólo deseaba vivir su propia vida. Años después aparecerían impresos el cuento En la colonia penitenciaria (1919) y el volumen de relatos Un médico rural (1919). Todas las restantes obras de Kafka no serían publicadas hasta después de su muerte. Títulos esenciales de su producción, como El proceso o El castillo, se hubiesen perdido para siempre de no haber incumplido Max Brod su orden de quemar los manuscritos; de hecho, el propio Brod se encargó de preparar las ediciones.
Su primera novela propiamente dicha (las narraciones anteriores deben considerarse cuentos o novelas cortas por su extensión) es El proceso, que había comenzado a escribir hacia 1914 y fue publicada póstumamente en 1925. El protagonista de El proceso es Joseph K., empleado en un banco. Una mañana, dos individuos de uniforme le notifican su detención en virtud de un proceso que se ha incoado contra él. Es inútil que quiera conocer el delito de que se le acusa: son simples funcionarios que se limitan a cumplir su cometido, a saber, notificarle su detención. Pese a ello, es dejado provisionalmente en libertad; será citado en domingo para los interrogatorios a fin de no perturbarle en su trabajo.

Fotogramas de El proceso (1962), de Orson Welles
En sus intentos de probar su inocencia, Joseph K. penetra en los entresijos de un inquietante sistema judicial. Las sesiones del juzgado de instrucción se celebran en casa de un carpintero; los libros de la ley no son más que novelas sádicas e indecentes; los archivos judiciales están instalados en el granero de una casa miserable, en cuya irrespirable atmósfera escriben incesantemente los empleados sobre sus pupitres. Un tío de Joseph K. le presenta a su abogado, un viejo enfermo que recibe a sus clientes en la cama y cuya enfermera se siente atraída eróticamente por todos los procesados; tampoco él consigue adelantar el asunto. Se cuenta que la absolución es posible, que hace muchísimos años se dictó una sentencia absolutoria, pero es una leyenda de dudoso crédito, pues, en realidad, los fallos del tribunal no se publican nunca. Un pintor retratista de jueces le informa de que podría ser aparentemente absuelto, lo que equivale a decir que el día menos pensado podría volver a ser detenido.
Todo ello va minando la inicial determinación de Joseph K. Obsesionado por el caso, descuida su trabajo en la oficina para pasar largas horas perdido en el examen de las varias posibilidades de salvación que aparentemente se le ofrecen, o bien va corriendo de un lado a otro de la ciudad para confiar su defensa a un abogado o para buscar afanosamente la ayuda de cualquier persona que conozca a los jueces que se hacen cargo de su proceso. Al mismo tiempo, percibe miradas y sonrisas maliciosas en los escenarios donde se desarrollaba su metódica vida (el banco, la pensión, el café); de forma inexplicable, todos están enterados de su proceso.
Sus medios de defensa resultan insuficientes y equivocados; al cabo de casi un año, sin haber llegado nunca a conocer cuál era la acusación, y extenuado e impotente tras una lucha imposible y absurda, Joseph K. es llevado sin resistencia a la afueras de la ciudad y ejecutado. El centro de la obra es el crecimiento del sentimiento de culpa y los tormentos que éste desencadena. La novela fue dramatizada en 1947 por André Gide y Jean-Louis Barrault, mientras que Gottfried von Einem hizo con ella una ópera, con libreto de Boris Blacher y Heinz von Cramer, que se estrenó en 1953. En 1962, Orson Welles rodó una soberbia adaptación cinematográfica.

Franz Kafka en 1917
El argumento de su segunda novela, El castillo (escrita entre 1921 y 1922 y publicada en 1926), es en ciertos aspectos similar. Un agrimensor llamado K. llega a una aldea gobernada por un conde que vive en un castillo sobre la colina; el agrimensor ha sido llamado por el conde para trabajar a su servicio, y su intención es establecerse allí y ejercer su profesión.
Sin embargo, topa de inmediato con inesperadas e insuperables dificultades. Por un lado, el castillo parece ser la sede de una monstruosa e incomprensible maquinaria burocrática a la que es casi imposible acceder; cuando parece lograrlo, no obtiene sino comunicaciones contradictorias. Por otro, no obtiene ninguna cooperación de las gentes del pueblo, que aceptan con naturalidad los absurdos dictados del castillo y parecen dejarlo de lado. A pesar de su empeño y sus esfuerzos, K. nunca logra más que aparentes avances en su propósito de iniciar su trabajo e integrarse en la comunidad, seguidos de retrocesos que lo devuelven una y otra vez al punto de partida. Max Brod hizo una versión dramática de esta obra en 1953.
América (1927), por último, es una novela inconclusa, además de fragmentaria, que presenta dos grandes saltos y carece de final. Aunque en la publicación póstuma ocupa el tercer lugar, fue la primera que escribió: su primer capítulo, "El chófer", se había impreso en 1913 como relato independiente. Su protagonista es Karl Rossmann, un muchacho de dieciséis años que, a consecuencia de una desdichada aventura con la criada de sus padres, se ve obligado a separarse de ellos y de Alemania, su patria, para emigrar a América, donde uno de sus tíos debe recibirle.
Pronto se encuentra abandonado a sus propias fuerzas en aquel inmenso y complicado país. Karl trata de trabajar en diversos oficios, pero dura poco en ellos; conoce así numerosos aspectos de aquella sociedad y pasa por múltiples experiencias que ponen claramente de relieve su imposibilidad de adaptarse. Como en las novelas antes reseñadas, el lector tiene la impresión de seguir al héroe a través de un oscuro laberinto indescifrable, donde los acontecimientos cobran un valor simbólico, pero sin que jamás se aclare la significación de los símbolos ni el efecto que puedan tener en la vida del personaje.
La muralla china (1931) es un volumen que recoge relatos y textos en prosa escritos a partir de 1917; además del cuento que le da título, abarca dieciocho narraciones diversas y dos colecciones de notas y pensamientos. Los Diarios 1910-1923 se publicaron en 1948-1949, aunque una selección de ellos y de las cartas del autor ya se habían impreso en 1937 en Praga. Estos textos son de gran importancia para la interpretación de la persona y la obra de Kafka, e incluyen un proyecto inconcluso de obra aforística que Max Brod compiló con el título Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el verdadero camino.
La existencia atribulada y angustiosa de Kafka se refleja en el pesimismo irónico que impregna su obra, que describe, en un estilo que va desde lo fantástico de sus obras juveniles al realismo más estricto, trayectorias de las que no se consigue captar ni el principio ni el fin. Sus personajes, significativamente designados con una inicial (Joseph K. o simplemente K.), son zarandeados y amenazados por instancias ocultas, materializadas en las autoritarias estructuras burocratizadas y anónimas creadas por la misma sociedad. Así, el protagonista de El proceso no llegará a conocer el motivo de su condena a muerte, y el agrimensor de El castillo buscará en vano el rostro del aparato burocrático en el que pretende integrarse; ambos padecen la angustiosa desorientación, la impotencia y finalmente el sentimiento de culpa y desamparo frente a un mundo ininteligible y deshumanizado que escapa a todo intento de control y que acaba degradando y sometiendo al hombre.
Tan singular es la opresiva atmósfera que emana de sus más características narraciones, que incluso la lengua común ha incorporado el adjetivo kafkiano para referirse a una situación particularmente absurda y angustiosa. Los elementos fantásticos o absurdos, como la transformación en escarabajo del viajante de comercio Gregorio Samsa en La metamorfosis, evidencian la alienación del individuo e introducen en la realidad más cotidiana aquella distorsión que permite desvelar su propia y más profunda inconsistencia, un método que se ha llegado a considerar como una especial y literaria reducción al absurdo.

Por su trascendental influencia, Franz Kafka se coloca a la cabeza de la renovación que emprendió el género novelístico en las primeras décadas del siglo XX, en la que también han de ubicarse grandes maestros como el francés Marcel Proust, el irlandés James Joyce y el estadounidense William Faulkner. Pero su originalidad irreductible y el inmenso valor literario de su obra le han valido a posteriori una posición privilegiada, casi mítica, en la literatura contemporánea. Cien años después de La metamorfosis, las múltiples interpretaciones trazadas desde los más variados puntos de vista (desde el enfoque existencialista al sociológico o psicoanalítico, pasando por las que parten del judaísmo o de la biografía del autor) siguen pareciendo reducciones o simplificaciones de una obra que, por su riqueza significativa, apenas tiene parangón en la literatura universal.

Alarma de guerra nuclear

Se dispara una falsa alarma de guerra nuclear

Un día como hoy, del año 1980, el fallo técnico de un chip disparaba las alarmas de ataque nuclear en el comando aéreo de Estados Unidos, que llegó a movilizar una respuesta bélica justo antes de constatar las inconsistencias entre distintos puestos de mando, que derivaron en la declaración de una falsa alarma.
Ocurrió cuando un chip defectuoso, que en el mercado costaba apenas unos 46 centavos de dólar, alteró las mediciones de un contador de misiles enemigos, que cambió repentinamente el histórico número 000, por el 200, es decir, un alerta que avisaba sobre el vuelo de doscientos misiles sobre el territorio estadounidense.
Aunque el alerta fue desestimada por no replicarse en ninguno de los otros monitores del sistema, tres días más tarde el incidente se repitió y las fuerzas estadounidenses de respuesta se movilizaron nuevamente, lo que obligó a una revisión técnica que descubrió el chip y un cable defectuosos.
El año anterior, el 9 de noviembre de 1979, otro incidente había llevado al mundo hasta el borde de una guerra nuclear, cuando por un error en las computadoras del Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial, el Mando Nacional del Pentágono y el Mando Alternativo Nacional detectaron falsamente un ataque soviético.



David Carradine

David Carradine - Kung Fu Photo (con imágenes) | Televisión de ...


Un día como hoy, del año 2009, en Tailandia, fallecía el actor estadounidense John Arthur Carradine, más conocido como David Carradine, mundialmente famoso por su rol protagónico en la serie televisiva Kung fu y su participación en la película Kill Bill.
Nacido en una tradicional familia de actores, David Carradine participó en más de cien películas durante una prolífica carrera que superó los 60 años de trabajo e incluyó premios y nominaciones al Globo de Oro y Premios Emmy, especialmente por su actuación en Kung fu, entre muchas otras.
Apasionado por su trabajo, realizó actuaciones en diversos géneros del cine, entre los que se cuentan acción, drama, documental, terror, ciencia ficción, western o artes marciales, temática en la que además incursionó profesionalmente mediante el estudio metódico de varias disciplinas.
En la serie televisiva Kung fu, Carradine encarnó a Kwai Chang Caine, un solitario monje shaolín que escapó de China tras asesinar al sobrino del Emperador, en venganza por la muerte de su maestro Po, y que atravesaba el Viejo Oeste estadounidense para hallar a su medio hermano, Danny Caine.

lunes, 1 de junio de 2020

Giuseppe Verdi

(Roncole, actual Italia, 1813 - Milán, 1901) Compositor italiano. Coetáneo de Wagner, y como él un compositor eminentemente dramático, Verdi fue el gran dominador de la escena lírica europea durante la segunda mitad del siglo XIX. Su arte, empero, no fue el de un revolucionario como el del alemán, antes al contrario, para él toda renovación debía buscar su razón en el pasado. En consecuencia, aun sin traicionar los rasgos más característicos de la tradición operística italiana, sobre todo en lo concerniente al tipo de escritura vocal, consiguió dar a su música un sesgo nuevo, más realista y opuesto a toda convención no justificada.

Giuseppe Verdi

Nacido en el seno de una familia muy modesta, tuvo la fortuna de contar desde fecha temprana con la protección de Antonio Barezzi, un comerciante de Busseto aficionado a la música que desde el primer momento creyó en sus dotes. Gracias a su ayuda, el joven Giuseppe Verdi pudo desplazarse a Milán con el propósito de estudiar en el Conservatorio, lo que no logró porque, sorprendentemente, no superó las pruebas de acceso.
Tras estudiar con Vincenzo Lavigna, quien le dio a conocer la música italiana del pasado y la alemana de la época, fue nombrado maestro de música de Busseto en 1836, el mismo año en que contrajo matrimonio con la hija de su protector, Margherita Barezzi. El éxito que en 1839 obtuvo en Milán su primera ópera, Oberto, conte di San Bonifacio, le procuró un contrato con el prestigioso Teatro de la Scala. Sin embargo, el fracaso de su siguiente trabajo, Un giorno di regno, y, sobre todo, la muerte de su esposa y sus dos hijos, lo sumieron en una profunda depresión en la que llegó a plantearse el abandono de la carrera musical.
No lo hizo: la lectura del libreto de Nabucco le devolvió el entusiasmo por la composición. La partitura, estrenada en la Scala en 1842, recibió una acogida triunfal, no sólo por los innegables valores de la música, sino también por sus connotaciones políticas, ya que, en aquella Italia oprimida y dividida de la época, el público se sintió identificado con el conflicto recreado en el drama.
Con este éxito, Verdi no sólo consiguió su consagración como compositor, sino que también se convirtió en un símbolo de la lucha patriótica por la unificación política del país. I lombardi alla prima Crociata y Ernani participaron de las mismas características. Son éstos los que el compositor calificó como sus «años de galeras», en los cuales, por sus compromisos con los empresarios teatrales, se vio obligado a escribir sin pausa una ópera tras otra.
Esta situación empezó a cambiar a partir del estreno, en 1851, de Rigoletto, y, dos años más tarde, de Il Trovatore y La Traviata, sus primeras obras maestras. A partir de este momento compuso sólo aquello que deseaba componer. Su producción decreció en cuanto a número de obras, pero aumentó proporcionalmente en calidad. Y mientras sus primeras composiciones participaban de lleno de la ópera romántica italiana según el modelo llevado a su máxima expresión por Gaetano Donizetti, las escritas en este período se caracterizaron por la búsqueda de la verosimilitud dramática por encima de las convenciones musicales.
Aida (1871) es ilustrativa de esta tendencia, pues en ella desaparecen las cabalette, las arias se hacen más breves y cada vez más integradas en un flujo musical continuo -que no hay que confundir con el tejido sinfónico propio del drama musical wagneriano-, y la instrumentación se hace más cuidada. Prácticamente retirado a partir de este título, aún llegó a componer un par de óperas más, ambas con libretos de Arrigo Boito sobre textos de ShakespeareOtello y Falstaff, esta última una encantadora ópera cómica compuesta cuando el músico frisaba ya los ochenta años. Fue su canto del cisne.